miércoles, 11 de mayo de 2016

PAN DE LIMÓN CON SEMILLAS DE AMAPOLA

Anna y Marina son hermanas, aunque no pueden ser más diferentes, desde niñas están unidas por un mutuo amor incondicional. Viven separadas desde hace años, Anna dedicada a su familia en Mallorca y Marina viajando por el mundo como médico de MSF. Hace años que una disputa hizo que separasen sus vidas y apenas tienen contacto, pero ambas reciben en herencia el obrador de pan y la vivienda en Valldemossa de una mujer, Lola Molí, a la que no conocen de nada. Marina decide que no se quedará sin conocer la relación de esta mujer con su familia y el por qué de esta inesperada herencia, un regalo que unirá a las hermanas y cambiará por completo su vida.
Cristina Campos nos trae su primera novela con muchísima solvencia, tras años dedicada a la dirección de cásting. Su primera intención era escribir un guión de cine, pero finalmente escribió una historia que realmente podría llevarse al cine y que tiene muy buen ritmo narrativo para que así sea. Los escenarios serían Mallorca, Valldemossa, Berlín y Etiopía, donde trabaja Marina de cooperante, de modo que el atractivo en este sentido sería mucho. Y no sólo tendría ese punto a favor. Las mujeres de esta historia, las hermanas, Anita, la hija de Anna, y Lola, que aunque fallecida tiene una gran presencia, son personajes fuertes, con mucha impronta y totalmente creíbles, con sus debilidades, virtudes, defectos, errores, aciertos... Personalmente me ha encantado el personaje de Marina, una mujer decidida, valiente, con unas vivencias muy complicadas en su adolescencia y una gran carencia de afectos en esa etapa de su vida, pero que ha sabido superar para avanzar, buscar su lugar en el mundo y decidir por sí misma qué quiere para su futuro en cada momento.
Anna es la mujer en casa, dedicada a su familia, infeliz en su matrimonio, rodeada de lujos pero en el fondo muy sola. Anita, su hija adolescente, rebelde en un mundo en el que no siente que pueda encajar porque se ve muy diferente a todos aquellos que la rodean en el colegio, en casa... Lola no está, pero realmente está, en cada saco de harina, en cada detalle de las habitaciones, en el pensamiento de los vecinos de Valldemossa y en ese sabor único que lograba darle a su pan de limón con semillas de amapola. 
Pan de limón
Cada capítulo comienza con una receta y mi favorita es la que se titula "Contigo pan y cebolla" y cuya elaboración es:

"Mientras tú precalientas el horno, yo juntaré la harina con el agua. Amasaremos poco a poco, sin prisas, juntos. Dejaremos fermentar unas horas y, mientras yo abro el horno, tú introducirás la masa en él. Cerraremos y esperaremos viendo como la masa crece dentro hasta explotar.
Solo me bastará un poco de ese pan, un poco de cebolla y tu amor para sobrevivir contigo en cualquier lugar del mundo, el resto de mi vida".

Esta receta resume muy bien la esencia del libro y la importancia del amor en cualquiera de sus manifestaciones, familiar, de pareja, al trabajo... Todo ha de moverse por esta fuerza que todo lo puede para llegar a buen puerto, para fijarse en lo que realmente importa.
En una entrevista en www.todoliteratura.es, Cristina Campos dice: "“Me conmueven los libros que tienen mucha verdad. Soy una montaña rusa de sentimientos, hasta tal punto que lloro cuando escribo. A veces me digo a mí misma que estoy completamente chalada” Esa sensibilidad que manifiesta se nota en su novela, en la historia y los personajes.
Una lectura que atrapa, cuatro mujeres admirables cada una a su manera y una historia muy bien contada. Muy recomendable.

viernes, 29 de abril de 2016

MALDITA VERDAD

Este es el primer libro que leo de Empar Fernández, a la que confieso que no conocía hasta que su novela cayó en mis manos. Esta profesora y columnnista nos presenta a Olga Bernabé, una madre separada que trabaja largas jornadas y tiene que ocuparse de su hijo adolescente, Daniel, al que nota cada vez más distante y arisco. 
Olga no le da importancia, aunque sufre, piensa que son cosas de la edad que ya se le pasarán. Hasta que una mañana, al ir a despertar a Daniel se encuentra con que ya no vive, su hijo se ha suicidado.
Olga, desesperada y con poco dinero, quiere buscar los motivos que han llevado a Daniel a terminar con su vida, así que contrata a Raúl Forcano, un estudiante del último año de carrera como investigador. Necesita que le diga la verdad, que llegue hasta el fina, pero ¿realmente es la verdad lo que dará consuelo a esta madre? ¿Será peor quizá saber los motivos de Daniel para no querer vivir?
El lector conocerá la desesperación de una madre que se siente culpable, que necesita aferrarse a un motivo con desesperación y a un investigador novato, inseguro pero con olfato que descubre lo que es realmente ese oficio que solamente conocía en un plano teórico y que resulta mucho más duro de lo que pensaba. En ocasiones tiene que decidir entre dar o no información a Olga, entre hacer o no según qué averiguaciones. La autora nos muestra con acierto a dos personajes bien trazados, con los que podremos empatizar perfectamente, la comprensible desesperación de una madre que pierde a un hijo de esta manera, la inseguridad de un estudiante que da sus primeros pasos profesionales, y ambos se nos presentan con sus fortalezas y debilidades, como personas perfectamente creíbles, personajes veraces.
Empar Fernández
El investigador Raúl Forcano realmente podría ser el protagonista de una saga, se me antoja un personaje muy interesante y con continuidad más allá de esta novela.
Resulta una lectura entretenida y que invita a la reflexión sobre las relaciones entre adultos y adolescentes y sobre esa necesidad que sentimos de querer saber la verdad de las cosas, sin pararnos a pensar que tal vez nos hará mucho más daño conocerla que ignorarla.
Empar Fernández termina con Maldita Verdad su trilogía sobre la culpa. Los otros títulos son  La mujer que no bajó del avión y La última llamada. Aunque los tres libros giran en torno al tema de la culpa, son autoconclusivas, por lo que pueden leerse sin orden, o como he hecho yo, simplemente una de las novelas. 
Otras obras de esta misma autora son Para que nunca amanezca, Hijos de la derrota, Mentiras capitales y Sin causa aparente. Con El loco de las muñecas fue galardonada con el Premio de Novela Fernando Quiñones y con La cicatriz recibió el Premio de Novela Corta Rejadorada.

domingo, 24 de abril de 2016

IRÈNE

"El comandante Camille Verhoeven vive la vida perfecta: está casado con la maravillosa Irène, con la que espera su primer hijo. Pero su felicidad se resquebraja tras un asesinato inusualmente salvaje. Desde que la noticia se hace pública, la prensa lo acecha y cada uno de sus movimientos se convierte en noticia de portada.
Verhoeven descubre que el asesino ha matado antes. Cada uno de sus crímenes parece rendir homenaje a una novela negra clásica, por lo que los periodistas se apresuran a darle un sobrenombre: «El Novelista». Quienes pueden ayudar a encontrarlo se suman a la lista de sospechosos: un librero y un profesor universitario expertos en novela negra. La investigación se convierte así en un duelo intelectual, y en una aterradora carrera contra el reloj".
La sinopsis de la novela que podemos leer en la contraportada ya nos adelanta una lectura diferente, interesante, y página tras página descubriremos a un escritor que es gran conocedor de la novela negra y que a través de su historia nos lleva a conocer a un comandante que con menos de un metro cincuenta es todo un carácter en el trabajo, que le hace estar mucho menos de lo que quisiera con su mujer, Irène. Ausencias que en ocasiones le harán sentir mal, pero sabe que el trabajo requiere de todo su esfuerzo.
Camille Verhoeven es, en palabras del autor en una entrevista para El País: "Una mezcla entre mi padre y yo. Mi padre era una persona muy pequeña. Cuando creé mi primer personaje de novela negra pensé en mi padre, que por aquel entonces ya había muerto.  Y luego mi parte es que tengo una visión muy dolorosa de la existencia y por eso el dolor. Pero no son novelas autobiográficas. Lo único que está algo cerca de mí es Camille"
Pierre Lemaitre. Foto: Wikipedia
Un asesino despiadado comete crímenes espantosos que son descritos con todo lujo de detalles. Reconozco que he saltado algún párrafo, porque tengo tal capacidad de imaginar lo que el escritor describe, que realmente no podía seguir... No penséis que por la descripción de estas durísimas escenas voy a dejar de recomendaros su lectura, ni muchísimo menos. Irène es de lo mejor que he leído del género, Pierre Lemaitre realmente borda la trama, con giros inesperados y un final que me ha dejado sin respiración, y borda a su personaje principal, a ese pequeño comandante que siente que precisamente por su tamaño tiene que demostrar más que los demás, que en ocasiones se deja llevar por la furia, la ira, inteligente, con un gran olfato para la investigación y tremendamente tenaz.
El propio autor reconoce que su novela es un homenaje a la literatura, a un género que le gusta y del que ha leído mucho. Las referencias literarias no entorpecen en absoluto la lectura, es más, cada historia de cada novela es una pista para saber encontrar a los asesinados y explicar por qué aparecen en el estado en que lo hacen.
Recomendadísima novela del ganador del Goncourt con Nos vemos allá arriba, que también os recomiendo. Lemaitre es un autor al que hay que seguir de cerca. Ha comenzado tarde su carrera literaria, publicando su primer libro, Irène, con 57 años, pero sin duda muestra una enorme madurez como narrador. No se diría que esta es una primera novela, en absoluto.
La saga del comandante Verhoeven, que consta de 4 libros, continúa en español con Alex, la segunda entrega. Las demás todavía no han sido traducidas al español. Confío en que lo hagan, porque seguro que vale la pena leerlas.

lunes, 18 de abril de 2016

UN PERRO

Tras publicar Una madre y Un hijo, Alejandro Palomas cierra la trilogía con Un perro:
«R estaba sentado en la alfombra, junto a la cama, exactamente como le había visto la noche de la tormenta que un año antes nos había cambiado la vida a los dos. Me miraba fijamente y jadeaba, inmóvil, como cuando en verano se tumba al sol en la terraza, envuelto en calor.»
Sentados en una cafetería una tarde de principios de verano, Fer y su madre, Amalia, esperan una llamada que no llega. Durante las horas siguientes, Fer hará lo imposible por ocultar lo que se esconde tras esa temida llamada que puede hacer añicos la calma que se ha instalado en la familia desde que, siendo apenas un cachorro, R llegó a su vida. Pero quizá esa calma sea más precaria de lo que parece. Cuando el teléfono por fin suena, la noche traerá consigo una inesperada compañía, y con ella llegarán un torrente de confesiones, verdades que quizá no lo eran tanto y las cinco letras de un nombre que, tirando del álbum familiar, Fer deberá atreverse a invocar para que la vida vuelva a mostrarle, a él y a los suyos, su mejor versión.
Esta novela es para mí la segunda del escritor, traductor y filólogo Alejandro Palomas, y confirmo que es un escritor que retrata aquello que ocurre en el interior de sus personajes, sus pensamientos más íntimos, sus sentimientos, miedos, certezas y sus relaciones entre ellos.
Utilizando una narrativa pausada, que no lenta, el autor nos va explicando el devenir del día a día de Fer, sus hermanas y su madre, siempre con el protagonismo de R, ese perro tan especial que no tiene un nombre "de verdad" precisamente porque Fer se niega a reconocer que es especial. Hace poco que ha perdido a su perro de siempre y no logra reconocer el lugar que R se ha ganado ya. Pero R ha sufrido un accidente y no se sabe si saldrá adelante y ahí es cuando descubrimos los sentimientos de Fer, cuando vemos toda la labor silenciosa de una madre que conoce bien a su hijo, que sabe interpretar tan bien las palabras como los silencios y siempre acierta, aunque no siempre sea evidente que lo hace y ella haga como que no entiende bien lo que ocurre a su alrededor.
Es una delicia disfrutar de las reflexiones de los personajes, con muchos momentos que invitan a pararse y a mirar en el interior de uno mismo a la vez que se saborean las frases llenas de razón y muchas veces de ternura, en ocasiones poéticas.

"Explicar mientras dolemos es una trampa: el dolor hay que dolerlo entero, dejar que la médula se impregne de él y que el plexo se oscurezca hasta obturarse.
"Contar antes de hora es asfixiar el corazón." Esa es una de las frases que recuerdo de la abuela y que tengo apuntada en la pizarra del salón. Esa y "Los demás no son tú, porque casi nunca son ellos mismos." (págs. 74-75)
"Ser familia es serlo también de nuestros vivos y de nuestros muertos, de los recuerdos, de lo que pudo ser y no fue y de las conversaciones que quedaron en el aire y que repetimos en voz alta cuando estamos solos, invocando la cercanía de los que se fueron antes. Somos familia de las decepciones que vivieron nuestros antepasados, de sus logros, sus fantasías y sus sueños, y también lo somos de la estela de nombres, caras y recuerdos que cada uno de esos naufragios comunes deja tras de sí". (pág. 117)

Mi perro, con sus trece primaveras ya.

"Un perro solo lo es para quien lo vive. Entendí que, aunque cuando el perro es tuyo deja de ser un perro para convertirse en un nombre, en unos ojos, respuestas, presente continuo y biografía en común, para los demás no llega nunca a ser alguien, por mucho que para quien lo vive sea más alguien que muchos que debieron serlo en su momento..." (pág. 133)

Quizá Un perro no me ha emocionado como a otros lectores. Creí que lloraría en algún momento o que me emocionaría al ser dueña de un perro. No lo hice, pero sí disfruté mucho de la lectura, llevada de la pluma de Alejandro Palomas pude adentrarme en los secretos de una relación familiar muy especial y única como es la de una madre con un hijo, y en otra que solamente se entiende cuando se vive, la de un perro y su dueño. Y me ha gustado el viaje por estas líneas.

jueves, 31 de marzo de 2016

EL ÚLTIMO PARAÍSO

El primer libro que leí de Antonio Garrido, El lector de cadáveres, me descubrió a un escritor que se documenta mucho y muy bien, logrando que la recreación de los lugares y épocas en los que sitúa sus historias atrapen al lector y lo sumerjan de lleno en los ambientes que crea.
En el año 2015 El último paraíso obtuvo el premio Fernando Lara. Como muchos de los que os pasáis por aquí, suelo desconfiar de obras galardonadas, todos sabemos que no siempre se premia la calidad, y muchas veces se piensa más en las ventas futuras del libro. En este caso la novela sí responde a un criterio de calidad y os recomiendo que si tenéis ocasión os acerquéis a esta historia.

Antonio Garrido nos lleva a 1929. Una fuerte crisis azota Estados Unidos y miles de ciudadanos, empujados por el hambre, viajaron a otros países buscando una vida mejor. Uno de los destinos fue la Unión Soviética, donde la mayor parte llegaron antes de que este país estableciera relaciones diplomáticas con su país de origen, lo que supuso que en la práctica se viesen obligados a permanecer aquí y en la mayoría de los casos, ser víctimas de la crueldad estalinista.
La historia, inspirada en personas y casos reales, nos habla de Jack Beilis, un joven que tenía un buen trabajo y un nivel de vida bastante bueno hasta la llegada de la crisis, cuando, empujado por su amigo Andrew, se embarca rumbo a Gorki para trabajar en la factoría automovilística de Ford. Ni Andrew, comunista convencido, ni Jack, que soñaba con volver con una fortuna a Nueva York, pudieron cumplir sus planes.

La ciudad de Gorki, actual Nizhni Novgorod. Foto de www.absolutrusia.com
Viviremos a lo largo de las 474 páginas de la novela, la angustia del día a día, el hambre, las condiciones laborales y el miedo atroz de todos los ciudadanos, estadounidenses y soviéticos, que carecen de libertad de movimiento, expresión y tantas otras que hoy nos parecen básicas. Resulta especialmente significativo el gran choque cultural de los estadounidenses, acostumbrados a tener ciertos derechos básicos en su país de origen.
Es especialmente asfixiante el aislamiento en el que viven todos ellos. Uno de los detalles que me llamó la atención sobre esto es su total desconocimiento sobre la situación política y social del país y también la ignorancia sobre la escasez de alimentos, hasta que se materializa en las estanterías vacías de lo más básico. La factoría, con sus viviendas para trabajadores, es como una pequeña ciudad encapsulada.
Una época muy oscura de la Unión Soviética en la que se unieron la crueldad del dictador con una terrible hambruna y que se narra perfectamente a través de todos los personajes que vamos conociendo, tanto soviéticos como estadounidenses. Incluso el propio Stalin aparecerá en escena en un momento determinado.
Intrigas políticas, mercado negro, relaciones personales, familiares y una ambientación sobresaliente son los ingredientes de una novela muy recomendable de un autor al que os invito a conocer y a seguir.

"Tras pasar todo un año rodeado de trabajadores soviéticos, había aprendido que la Revolución emprendida por sus dirigentes había transformado un país medieval de nobles y plebeyos en una nación poderosa en la que cualquier hombre, al margen de su raza, religión u origen, tenía derecho al trabajo, a vivienda y a comida. Sin embargo, esos mismos dirigentes, capaces de repartir tierras y trabajo entre los desheredados, eran asimismo fanáticos que hacían de la Unión Soviética un lugar peligroso para quien osara discrepar de sus creencias". (págs. 358-359)

Fachada de la que fue la fábrica de Ford. Foto de epoca1.valenciaplaza.com

sábado, 12 de marzo de 2016

EL ÁRBOL DE LOS RECUERDOS

Durante la charla de Laura Perales, de la que os hablé en el blog, surgieron recomendaciones literarias para compartir con nuestros niños. 
Un libro es un vehículo extraordinario para poder hablar con los niños de cualquier tema, y en este caso El Árbol de los Recuerdos nos ayuda a explicarles el tema de la muerte y encajarla donde corresponde, como parte de la vida, que tiene un fin.
La historia es sencilla, así que si vuestro niño ya lee, podrá hacerlo él perfectamente, como fue nuestro caso, y comienza así:

“Había una vez un zorro que vivía con muchos otros animales en el bosque. Zorro había tenido una vida larga y feliz, pero ahora estaba cansado. Muy lentamente, se dirigió a su lugar favorito en el claro del bosque. Miró a su alrededor, observó su querido bosque una última vez y se tumbó. Zorro cerró los ojos, respiró profundamente y se quedó dormido para siempre”.

Los animales del bosque, amigos de Zorro, estaban tristes, pero comenzaron a hablar de su buen amigo, a recordar cada uno los buenos momentos compartidos. Mientras hablan brotan tímidamente unas pequeñas hojas naranjas que crecen y crecen con cada historia hasta convertirse en un hermoso árbol donde los animales del bosque, búho, ardilla, urraca, ratón... encontrarán dónde anidar, protegerse del sol o simplemente reunirse con todos sus amigos. El árbol crece y se hace fuerte con cada uno de los buenos ratos y simboliza que Zorro ha permanecido en sus corazones, y seguirá allí mientras haya quien lo recuerde. Un árbol alimentado por todo el amor que sienten por el amigo perdido.
Una historia muy tierna, con unas ilustraciones maravillosas y un mensaje fácilmente comprensible por los más pequeños cuando empiezan a preguntarnos sobre la muerte. Si aún no lo han hecho, ese momento llegará, y el libro nos ayuda a hablarles de ello de una forma muy natural, o incluso nos servirá para que comprendan si ha fallecido alguien próximo, que esa persona siempre estará en su corazón y cuando cure la herida de no tenerle al lado, la recordaremos con mucho amor y siempre prevalecerán los buenos momentos que hemos pasado juntos.


Un precioso libro que os recomiendo y que estoy segura de que disfrutaréis mucho leyendo con vuestros niños como lo hemos hecho nosotros, una verdadera delicia.

miércoles, 2 de marzo de 2016

CHARLA DE LAURA PERALES

Laura Perales. Foto de www.crianzaautorregulada.com
Desde que en el mes de julio de 2007 me convertí en madre, tengo la corresponsabilidad de velar por el bienestar físico y psicológico de mi hijo, algo que me ocupa y preocupa, sobre lo que trato de aprender no sólo con la experiencia del día a día, sino también leyendo sobre crianza y asistiendo a charlas como la de Laura Perales en Compostela hace pocos días.
Los niños no vienen con libro de instrucciones, los libros que hablan sobre crianza o psicología infantil, que ayudan a los progenitores a una mejor relación con ellos, tampoco son la gran panacea o un guión que haya que seguir punto por punto, pero ayudan, y mucho, a los que, como yo, intentamos superar modelos que no nos convencen, nos paramos a escuchar, intentar empatizar y educar desde el respeto, desde la escucha, sin castigos, con amor incondicional y mucha, mucha paciencia.
No es fácil, unos días son mejores que otros y siempre está ahí la duda de estar haciendo o no lo correcto, pero es fundamental estar bien informado sobre un tema para poder decidir, para poder avanzar. Si el ser humano se hubiera instalado en repetir el modelo anterior no habría llegado ni a inventar la rueda, así que ¿por qué instalarse en el modelo aprendido sin cuestionarlo? Es más que sano hacerlo, y personalmente he descubierto que el mundo desde la perspectiva de un adulto es totalmente diferente al que ve un niño, y esto es fundamental para poder comunicarse con ellos y que esta comunicación sea efectiva.

La charla de Laura Perales, a la que no conocía previamente, se centró mucho en la comunicación entre los niños y los padres y en temas que las madres vivimos de una forma más intensa que los padres, como la culpa, la obsesión por la perfección o la aprobación social, temas que nos preocupan, en ocasiones nos frustran y muchas veces cometemos el error de volcar esa frustración en nuestros hijos.
Me pareció fundamental el concepto de "traducir y devolver la pelota", es decir, interpretar lo que el niño intenta decir, que no siempre se corresponde con lo que verbaliza, y actuar en consonancia. Otra de las propuestas de Laura que me gustó mucho es la de crear opinión en los niños, plantear diálogos en los que expresen lo que sienten, lo que le parece esto o lo otro y utilizar los juegos o los libros como vehículos que ayudan a recorrer este camino. 
El lenguaje que utilizamos es importante, porque no caemos en la cuenta muchas veces de que lo que decimos puede no interpretarse como pretendemos. 
Un ejemplo que hace que esta idea se entienda perfectamente es el siguiente: Una niña está jugando en el parque, se cae y se hace una herida en la rodilla. Es muy habitual que el adulto se acerque y le diga "no pasa nada". Con esto intentamos quitar importancia y que el niño se relaje y no haga un mundo de un incidente pequeño, pero ¿qué está entendiendo? La frase literal, nada menos "te has caído, te has hecho daño, pero esto no importa, lo que te pasa no tiene importancia". Esto no es ni de lejos lo que hemos querido transmitir, pero es lo que está recibiendo nuestro hijo, y mucho cuidado con esta idea de que no nos importa lo que le pase, que se haga daño, porque puede ser la semilla de la incomunicación: ¿para qué voy a contarle a mamá esto que me ha pasado si lo que me ocurre no importa? Realmente para pensarlo...

Etiquetas, comparaciones, mentiras, manipulación, intervención en conflictos, no dejar que suelten su tensión... El día a día está plagado de todo esto, aunque muchas veces no seamos conscientes. La charla en ese sentido fue muy reveladora, invitándonos a todos a la reflexión.
En el rango de edad de mi niño, que tiene ocho años, hay cuestiones que van llegando y no siempre sabemos manejar, como las emociones (muchas veces tendemos a transmitir que hay emociones "malas", que hay que contener o esconder), un tema en el que pesa muchísimo la mochila de adulto que llevamos, la natural curiosidad por su cuerpo, por la sexualidad, por la muerte, los miedos, situaciones como el divorcio o momentos que se me antojan complicados, como cuando pregunte si realmente el Ratón Pérez o los Reyes Magos existen o no. Me quedo con una idea fundamental, que es la naturalidad al abordar cualquier cuestión, el respeto al niño, evitar el autoritarismo, la dejadez, la negación o el edulcoramiento, tan dañinos para ellos y para cualquiera, en el fondo a todos nos molestan estas actitudes hacia nosotros por parte de terceras personas.

Me ha parecido muy enriquecedor poder escuchar a alguien que desde la experiencia de madre y el conocimiento como psicóloga, nos explica el punto de vista del niño, no siempre tan evidente, y cómo bajarnos de nuestro escalón de adulto, mirarle frente a frente y lograr que la comunicación sea posible. Si hay algo fundamental es que nuestros niños sientan que estamos ahí, de forma incondicional, que pueden hablarnos de cualquier tema y que les escuchamos y nos preocupan.
No neguemos, si él lo siente, está ahí: "Los monstruos no existen, es absurdo que tengas miedo a la oscuridad". El miedo es irracional, para él sí existe el monstruo y esto no se razona, quizá sea una idea mejor decirle "no te preocupes, me quedo un rato contigo y los monstruos conmigo no se atreverán".
No tratemos de ocupar su tiempo con actividades dirigidas, conviene recordar que "el aburrimiento es la base de la creatividad", que se aburran tiene que ocurrir y es bueno, acaban encontrando algo que les entretiene, casi siempre inventando algo nuevo o utilizando cualquier cosa a su alcance para inventarse una historia.
No hay emociones malas, no nos escondamos, no hay nada malo en sentir ira, frustración, querer llorar, patalear... Si no nos hubiesen reprimido quizá hoy sabríamos convivir mejor con el estrés de nuestra vida cotidiana.
Las chuches no son un premio, de ahí vienen muchos problemas con la comida en la adolescencia o la vida adulta ¿por qué nos sentimos mal y corremos a la nevera a atiborrarnos de dulce? 
Muchas veces hemos sido los raros del cole, los diferentes en el parque, los alternativos en el entorno familiar, pero realmente creo que hemos de cambiar la forma de relacionarnos con nuestros hijos si de verdad queremos que el mundo que ellos habiten sea mejor que el nuestro, fácilmente mejorable, con franqueza.
Laura Perales comenzó su charla con una frase que invita a repensar el entorno que hemos construido: "No es saludable estar adaptado a una sociedad profundamente enferma" Jiddu Krishnamurti.
Una sociedad enferma, no tenemos más que leer un periódico, encender la televisión o sintonizar la radio... Pero en gran medida está en nuestras manos, como mínimo la educación y crianza de nuestros hijos merece nuestro tiempo y requiere que aprendamos a hacerlo lo mejor posible.
En el blog de Laura Perales, Crianza Autorregulada, podéis leer artículos sobre estos temas y otros muchos, además de conocer las charlas y cursos que imparte.