Este año, por tercera vez ya, nos vamos de vacaciones a la
Península de O Morrazo, que nos encanta. Esta vez elegimos Cangas, y recorrimos en familia una villa turística y marinera con múltiples rincones para visitar. También comimos muy bien aquí, pero eso será otro post, os haré esperar un poquito, primero toca la parte paisajística y cultural, que sé que os encantará, porque es imposible que no os guste...
Cangas cuenta con un
pequeño casco histórico en el que se pueden ver varias casas típicamente marineras y diversos puntos de interés como la Capilla del Hospital o la Iglesia de Santiago de Cangas, del siglo XVI, la Plaza de Síngulis, con su cruceiro barroco, la Casa do Patín, con la característica escalera exterior de las casas marineras o el balcón de la actual Casa da Xuventude.
Si vuestros días en Cangas son en familia, en la alameda, junto al paseo marítimo, hay un enorme parque infantil donde lo pasarán de miedo, además de un buen trecho de carril-bici para disfrutar todos juntos y que transcurre por todo el paseo marítimo, desde donde podemos ver la escultura O Galeón, situada en el mar, con Vigo al fondo, hasta la Lonja y termina un poco más lejos de la
Playa de Rodeira, que es la playa urbana de la villa.
Alejándonos del centro urbano de Cangas, son numerosas las excursiones que podemos hacer o las playas en las que podemos pasar el día, para todos los gustos en cuanto a tamaño, oleaje, situación o afluencia.
Disfrutamos mucho haciendo la ruta de senderismo que pasa por la playa de Liméns y que mide casi dos kilómetros. Su dificultad es bajísima, pensad que íbamos con un niño de seis años. Lo único que quiero hacer es recomendaros un gorro, pues hay muchos tramos sin sombra.
Esta ruta tiene preciosos tramos como el que os muestro en la foto, las aguas se aprecian limpias y cristalinas y en algunos momentos incluso pudimos ver pescadores y deportistas con sus canoas, también pequeñas grutas formadas en la roca y fuentes, en las que no bebimos por precaución.
El tiempo acompañó, de manera que también hubo ocasión de conocer varias playas de la zona: Nerga, Menduiña y Melide, la que personalmente más me gustó, una playa de acceso un poco más difícil que las demás, pues tenemos que recorrer un sendero bastante pedregoso, pero con muchísimo encanto, pequeña y recogida, con bastante oleaje, dunas y una pequeña cafetería donde tomar algo viendo el paisaje privilegiado de las Islas Cíes frente a nosotros.
Además de disfrutar muchísimo de todo lo que la naturaleza nos ofreció durante nuestras vacaciones, tuvimos ocasión de acercarnos, desde Cabo Home, a través de una ruta de senderismo para la que os aconsejo calzado cómodo ante todo, al
Monte Facho, donde se puede ver un
poblado castrexo que se está excavando, o al menos se estaba excavando cuando estuvimos allí. Una lástima que no esté mejor señalizado... El pequeño cartel explicativo data este poblado entre los siglos I A. de C. y I D. de C., con construcciones redondas, ovales y las menos, cuadradas.
Desde allí las vistas son impresionantes y en la parte más alta se conserva lo que debió ser, en época mucho más reciente, un puesto de observación de la ría.
Tuvimos la suerte de que durante nuestras vacaciones, como cada ocho de septiembre, tuvo lugar en la parroquia de Darbo una fiesta popular de lo más interesante, sobre todo porque en ella se realiza una danza que sólo veremos aquí y que data del siglo XVI. El fin es agradecer a la virgen de Santa María los favores recibidos durante el año, sobre todo los relativos a la salud propia o de familiares.
Antes de la misa, con la estatua de la virgen en el exterior, los fieles se acercan para realizar sus donativos, monedas en una bandeja o bien billetes prendidos en el manto. Al terminar el oficio religioso comienza esta danza, que consta de dos partes, Danza y Contradanza, haciendo alusión a los recorridos de los participantes, que salen del atrio, realizan un pequeño recorrido y vuelven para bailar ante la virgen. Los hombres tocan las castañuelas y tanto ellos como las mujeres llevan atuendos típicos de esta zona, destacando el sombrero de flores de ellas.
Al terminar el baile, como en toda fiesta gallega que se precie, orquesta y puestos de comida tradicional.