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lunes, 23 de enero de 2017

EDUCAR EN EL ASOMBRO

Educar en el asombro. El título del libro resulta bastante revelador sobre el contenido y el mensaje de la autora del texto se resume muy bien en él.

"El ruido que hace el papel de embalaje de un regalo, la espuma del baño que se les queda pegada a los deditos, las cosquillas que hacen las patitas de una hormiga en la palma de la mano, lo brillante de un objeto encontrado en la calle. Este sentido del asombro del niño es lo que le lleva  a descubrir el mundo. Es la motivación interna del niño, su estimulación temprana natural." (pág. 21)

Se invita a los padres a respetar el ritmo del niño, que por naturaleza querrá descubrir siempre algo nuevo y observará con atención cuanto pasa a su alrededor, sin necesidad de una intervención "desde fuera", olvidándose de que vea este o aquel dibujo animado educativo, que escuche tal o cual música clásica porque será más inteligente... Un niño pequeño no necesita ese sobreestímulo, ese bombardeo exterior. Su avance natural siempre es desde dentro hacia fuera, desde su curiosidad innata dirigida al adulto con el que tiene un vínculo seguro, porque desde ahí él se sentirá confiado y libre de expresarse.
El capítulo 3, titulado Las consecuencias de la sobreestimulación, me llamó mucho la atención, ya que pone el acento en algo en lo que no me había parado a pensar: el ritmo de los dibujos animados o películas que ven los niños. Es cierto que nos fijamos en el contenido, el mensaje, los personajes, pero personalmente no había pensado en el ritmo y en que éste puede afectar enormemente al niño. Se explica el caso concreto de niños de 4 años ante el archiconocido Bob Esponja, un personaje cuya serie tiene un ritmo frenético que sólo provoca excitación e impaciencia cuando se ve "antes de tiempo". Otros estudios apuntan que la exposición a series violentas antes de los 3 años están relacionadas con los problemas de atención e impulsividad que aparecen hacia los 7 años. Y nos explica Catherine L'Ecuyer que este ritmo hace que muchos niños en torno a los 12 años no sean capaces de ver películas infantiles de los años noventa. Para ellos el ritmo es soporífero. Para pensárselo.
El modelo educativo mecanicista también tiene su lugar en este libro, en el que, como era de esperar, no sale bien parado. ¿Por qué? Tal y como nos dice la autora, con la que coincido: "Se trata de un modelo que considera al niño como un ente programable, un producto estandarizado, en definitiva, como un medio hacia un fin que se encuentra fuera de él". (pág. 59)
El juego libre como herramienta educativa, el educar como contraposición al inculcar. Muy complicado en el sistema actual, incluso yo diría en la sociedad actual. 

"¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación.

La educación es el sistema que debería desarrollar nuestras habilidades naturales y permitirnos salir adelante en el mundo." Cita de Sir Ken Robinson (pág. 62)

Catherine L'Ecuyer


En el capítulo de los límites no coincido con la autora, aunque sí en esta reflexión que hace:

"Todos habremos sido testigos de un cumpleaños en que el anfitrión, sea nuestro hijo u otro, abre los regalos de forma mecánica, casi con indiferencia. Es que, ante tanto regalo, el niño se embota (...). Hemos visto que el exceso de cosas satura los sentidos y bloquea el deseo. Cuando un niño tiene bloqueado el deseo, necesita entretenimiento desde fuera. Películas rápidas, diversión, juegos de consolas, lo que sea. Les cuesta más tener interioridad e inventarse juegos a base de imaginar." (pág. 81)

El exceso, la sobreexcitación, el ritmo frenético de nuestra vida cotidiana, terminan por hacer mella en el ritmo natural del niño, que siempre pedirá más y más estímulos. Paremos un poco, disfrutemos de lo pequeño, de la naturaleza, fuente inagotable de preguntas, de curiosidad y misterio. Disfrutemos también del silencio, a veces no somos capaces de estar más de diez minutos sin ningún sonido a nuestro alrededor ¿os habéis fijado en que esto muchas veces nos pone nerviosos? 
Cada niño evoluciona de una manera distinta, acompañemos al nuestro y no tengamos prisa, todo llega.

"La infancia debe vivirse cuando toca, con todo lo maravilloso que conlleva esta etapa: la imaginación, el juego, el sentido del misterio, la inocencia, etc. Saltarse las etapas de la infancia es despreciar el mecanismo con el que cuenta la naturaleza para asegurar un buen desarrollo de la personalidad". (pág. 109)

Una lectura muy recomendable con la que en algunas cosas no estoy de acuerdo, pero de la que se pueden extraer muchas reflexiones sobre el día a día de nuestros hijos y que nos ayuda a fijarnos en detalles que quizá habíamos pasado por alto. Es una invitación a pararnos y observar con nuestros hijos, dejar espacio a su curiosidad innata y no quemar etapas antes de tiempo, recomendaciones que seguro que nos ayudarán a acompañarles mejor en su crecimiento personal.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

AMAR SIN MIEDO A MALCRIAR

La tarea de acompañar a los hijos en su crecimiento y su paso a una edad adulta en la que ya se desenvuelvan solos, requiere en mi opinión, no solamente una parte práctica, en forma de un montón de horas compartidas con ellos, sino también de una parte teórica. No me refiero a que nos pongamos a estudiar psicología todos, pero creo que es importante para los progenitores conocer la evolución física y psicológica de los hijos, entender cómo ellos ven el mundo, cómo razonan, qué entienden y qué no entienden, para poder empatizar, comprenderles y llegar a ellos con nuestros mensajes.
La mirada de un adulto y la de un niño son muy diferentes, la percepción del entorno también lo es, y lecturas como esta que hoy os traigo, ayudan mucho a entrar en ese mundo infantil para "hablar y entender su idioma".
Para mí, como madre, es fundamental saber lo máximo posible sobre el proyecto de vida más importante que tengo y tendré, que es mi niño, y creo que conocerle mejor me ayuda a criarlo mejor, empatizar más y afianzar el vínculo.
Yolanda González Vara repasa todas las etapas, desde el embarazo hasta aproximadamente los 7 años. Mi hijo tiene 9, pero este libro también me ha valido en muchos puntos, aunque otros capítulos ya no porque hemos pasado las etapas.
En la primera parte se habla del desarrollo emocional en la infancia: el mito de la felicidad infantil, las emociones infantiles, el miedo a malcriar, la frustración, el placer, la realidad y el deber y la batalla de la obediencia.
La segunda parte se dedica al embarazo, el bebé intrauterino y el parto.
A continuación el niño desde que nace hasta los tres años, la cuarta parte será de los tres a los siete y por último, antes de los testimonios de padres y profesionales, se dedican varios capítulos a temas importantes o delicados, como la agresividad, la sexualidad, la escolarización, el divorcio y la muerte.
Personalmente, he sacado mucho en limpio de este libro, aunque como comentaba antes  mi niño ya haya pasado muchas de las etapas que se describen en él. He reforzado más si cabe mi convicción de que la crianza respetuosa, con empatía y respeto es la única válida, aunque a veces no sea fácil y aunque el entorno no lo entienda o comparta. 
Me ha hecho pensar, y mucho, el capítulo en el que se habla del mito de la felicidad infantil y nos invita a pensar en nuestra propia infancia, es increíble ver cómo lo vivido en aquella etapa de la vida se refleja en nuestra percepción de los hijos. La autora pone como ejemplo a un padre al que dejaban llorar en su cuna cuando era bebé y hoy no ve el llanto de su hijo como una petición de atención o ayuda, sólo como una molestia. Me pareció desgarrador, y él sufría enormemente. Aquí vemos el claro ejemplo de las consecuencias de ciertas prácticas con los niños, muchas veces no pensamos en las consecuencias a largo plazo y las hay.
Yolanda González
"El parto representa el final de la aventura del embarazo, pero el principio de la aventura de la vida. Por eso hay que hacerse madre poco a poco, día a día y noche a noche". 
El capítulo de las emociones, fundamental en cualquier libro de crianza respetuosa, nos recuerda que los adultos estamos demasiado acostumbrados a la contención y pretendemos imponérsela,porque es lo que vivimos en nuestro mundo, siempre reprimiendo lo que sentimos, poniendo etiquetas a las emociones "buenas" o "malas". El niño aprenderá con el tiempo a canalizarlas, pero reconoceremos que cuando las reprimimos al final nos perjudicamos a nosotros mismos, de modo que no las limitemos, dejemos que las exprese.
"Todas las emociones son naturales y representan una guía de nuestro estado emocional. Nos permiten sentirnos y sentir al otro y tratar de buscar salidas satisfactorias a nuestras necesidades. En definitiva, la ausencia de agresividad natural (ira funcional) no es sinónimo de paz, sino de aislamiento, falta de contacto y represión emocional".
Entender que nuestros niños nos cuenten por la noche las cosas que han vivido durante el día no es por capricho, o por no querer irse a la cama, sino porque es el momento en que llegan a él los recuerdos, sin duda ayuda a que no entremos en la eterna "pelea" de mandarlos a la cama y no escuchar lo que nos quieren decir. La mejor solución, adelantar un poquito la hora de dormir y darles ese margen para que nos cuenten. Y añado, y para disfrutar un ratito charlando con ellos.
Si una mascota o un ser querido fallecen y el niño tiene menos de cinco años, no debería sorprendernos que nos preguntara por ellos pasadas unas horas o unos días. A esta edad no entienden que algo sea "para siempre", el concepto de "irreversible", y esto nos ayudará a acompañarles en un momento duro para ellos, y a entender sus preguntas, que desde una perspectiva adulta pueden ser ilógicas o repetitivas.
No olvidemos que cuando se produce una pérdida, los niños también sufren, también necesitan elaborar el duelo y no que se les obvie, se les aísle o se les mienta diciendo que el abuelito se fue de viaje pensando que se va a olvidar porque no es así.
En el libro encontraremos muchos otros temas del día a día que nos ayudarán a gestionar mejor la relación con nuestros hijos. No nacen con un manual de instrucciones bajo el brazo, y ningún manual o guía dirigida a padres lo es. Cada cual conoce a su hijo mejor que cualquiera de fuera, pero sin duda en este tipo de lecturas encontraremos luz a muchas dudas y explicación a planteamientos o actuaciones de nuestros hijos en edades tempranas. Os animo a que dediquéis unas horas a aprender un poquito de profesionales como Yolanda González, estoy segura de que os valdrá de mucho hacerlo.

miércoles, 2 de marzo de 2016

CHARLA DE LAURA PERALES

Laura Perales. Foto de www.crianzaautorregulada.com
Desde que en el mes de julio de 2007 me convertí en madre, tengo la corresponsabilidad de velar por el bienestar físico y psicológico de mi hijo, algo que me ocupa y preocupa, sobre lo que trato de aprender no sólo con la experiencia del día a día, sino también leyendo sobre crianza y asistiendo a charlas como la de Laura Perales en Compostela hace pocos días.
Los niños no vienen con libro de instrucciones, los libros que hablan sobre crianza o psicología infantil, que ayudan a los progenitores a una mejor relación con ellos, tampoco son la gran panacea o un guión que haya que seguir punto por punto, pero ayudan, y mucho, a los que, como yo, intentamos superar modelos que no nos convencen, nos paramos a escuchar, intentar empatizar y educar desde el respeto, desde la escucha, sin castigos, con amor incondicional y mucha, mucha paciencia.
No es fácil, unos días son mejores que otros y siempre está ahí la duda de estar haciendo o no lo correcto, pero es fundamental estar bien informado sobre un tema para poder decidir, para poder avanzar. Si el ser humano se hubiera instalado en repetir el modelo anterior no habría llegado ni a inventar la rueda, así que ¿por qué instalarse en el modelo aprendido sin cuestionarlo? Es más que sano hacerlo, y personalmente he descubierto que el mundo desde la perspectiva de un adulto es totalmente diferente al que ve un niño, y esto es fundamental para poder comunicarse con ellos y que esta comunicación sea efectiva.

La charla de Laura Perales, a la que no conocía previamente, se centró mucho en la comunicación entre los niños y los padres y en temas que las madres vivimos de una forma más intensa que los padres, como la culpa, la obsesión por la perfección o la aprobación social, temas que nos preocupan, en ocasiones nos frustran y muchas veces cometemos el error de volcar esa frustración en nuestros hijos.
Me pareció fundamental el concepto de "traducir y devolver la pelota", es decir, interpretar lo que el niño intenta decir, que no siempre se corresponde con lo que verbaliza, y actuar en consonancia. Otra de las propuestas de Laura que me gustó mucho es la de crear opinión en los niños, plantear diálogos en los que expresen lo que sienten, lo que le parece esto o lo otro y utilizar los juegos o los libros como vehículos que ayudan a recorrer este camino. 
El lenguaje que utilizamos es importante, porque no caemos en la cuenta muchas veces de que lo que decimos puede no interpretarse como pretendemos. 
Un ejemplo que hace que esta idea se entienda perfectamente es el siguiente: Una niña está jugando en el parque, se cae y se hace una herida en la rodilla. Es muy habitual que el adulto se acerque y le diga "no pasa nada". Con esto intentamos quitar importancia y que el niño se relaje y no haga un mundo de un incidente pequeño, pero ¿qué está entendiendo? La frase literal, nada menos "te has caído, te has hecho daño, pero esto no importa, lo que te pasa no tiene importancia". Esto no es ni de lejos lo que hemos querido transmitir, pero es lo que está recibiendo nuestro hijo, y mucho cuidado con esta idea de que no nos importa lo que le pase, que se haga daño, porque puede ser la semilla de la incomunicación: ¿para qué voy a contarle a mamá esto que me ha pasado si lo que me ocurre no importa? Realmente para pensarlo...

Etiquetas, comparaciones, mentiras, manipulación, intervención en conflictos, no dejar que suelten su tensión... El día a día está plagado de todo esto, aunque muchas veces no seamos conscientes. La charla en ese sentido fue muy reveladora, invitándonos a todos a la reflexión.
En el rango de edad de mi niño, que tiene ocho años, hay cuestiones que van llegando y no siempre sabemos manejar, como las emociones (muchas veces tendemos a transmitir que hay emociones "malas", que hay que contener o esconder), un tema en el que pesa muchísimo la mochila de adulto que llevamos, la natural curiosidad por su cuerpo, por la sexualidad, por la muerte, los miedos, situaciones como el divorcio o momentos que se me antojan complicados, como cuando pregunte si realmente el Ratón Pérez o los Reyes Magos existen o no. Me quedo con una idea fundamental, que es la naturalidad al abordar cualquier cuestión, el respeto al niño, evitar el autoritarismo, la dejadez, la negación o el edulcoramiento, tan dañinos para ellos y para cualquiera, en el fondo a todos nos molestan estas actitudes hacia nosotros por parte de terceras personas.

Me ha parecido muy enriquecedor poder escuchar a alguien que desde la experiencia de madre y el conocimiento como psicóloga, nos explica el punto de vista del niño, no siempre tan evidente, y cómo bajarnos de nuestro escalón de adulto, mirarle frente a frente y lograr que la comunicación sea posible. Si hay algo fundamental es que nuestros niños sientan que estamos ahí, de forma incondicional, que pueden hablarnos de cualquier tema y que les escuchamos y nos preocupan.
No neguemos, si él lo siente, está ahí: "Los monstruos no existen, es absurdo que tengas miedo a la oscuridad". El miedo es irracional, para él sí existe el monstruo y esto no se razona, quizá sea una idea mejor decirle "no te preocupes, me quedo un rato contigo y los monstruos conmigo no se atreverán".
No tratemos de ocupar su tiempo con actividades dirigidas, conviene recordar que "el aburrimiento es la base de la creatividad", que se aburran tiene que ocurrir y es bueno, acaban encontrando algo que les entretiene, casi siempre inventando algo nuevo o utilizando cualquier cosa a su alcance para inventarse una historia.
No hay emociones malas, no nos escondamos, no hay nada malo en sentir ira, frustración, querer llorar, patalear... Si no nos hubiesen reprimido quizá hoy sabríamos convivir mejor con el estrés de nuestra vida cotidiana.
Las chuches no son un premio, de ahí vienen muchos problemas con la comida en la adolescencia o la vida adulta ¿por qué nos sentimos mal y corremos a la nevera a atiborrarnos de dulce? 
Muchas veces hemos sido los raros del cole, los diferentes en el parque, los alternativos en el entorno familiar, pero realmente creo que hemos de cambiar la forma de relacionarnos con nuestros hijos si de verdad queremos que el mundo que ellos habiten sea mejor que el nuestro, fácilmente mejorable, con franqueza.
Laura Perales comenzó su charla con una frase que invita a repensar el entorno que hemos construido: "No es saludable estar adaptado a una sociedad profundamente enferma" Jiddu Krishnamurti.
Una sociedad enferma, no tenemos más que leer un periódico, encender la televisión o sintonizar la radio... Pero en gran medida está en nuestras manos, como mínimo la educación y crianza de nuestros hijos merece nuestro tiempo y requiere que aprendamos a hacerlo lo mejor posible.
En el blog de Laura Perales, Crianza Autorregulada, podéis leer artículos sobre estos temas y otros muchos, además de conocer las charlas y cursos que imparte.

martes, 29 de noviembre de 2011

LA CRIANZA FELIZ. ROSA JOVÉ


Como madre de un niño que tiene ahora cuatro años, soy lectora habitual de libros que tratan acerca de la crianza y educación de los pequeños. Una de las psicólogas que más me gusta y de la que lo he leído todo es Rosa Jové, a la que tuve la suerte de poder escuchar en una conferencia en mi ciudad y que da fantásticos consejos a padres y madres para comprender mejor a nuestros hijos y hacer juntos el camino de la vida, siempre desde el amor y el respeto.

Está claro que el sentido común y las buenas intenciones han de estar ahí cuando tratamos con los pequeños, pero lo que he encontrado siempre en este tipo de libros es lo que piensa y siente un niño pequeño, cómo interpretar sus comportamientos para saber cómo responder a ellos.
No tengo la suerte de tener en mis padres un modelo válido que seguir, por muchos motivos que ahora no vienen a cuento, de manera que me apoyo en grandes profesionales como Rosa Jové o Carlos González entre otros, y creo que este tipo de lecturas nunca vienen mal a los padres, siempre se puede sacar algo en limpio de ellas.


LA CRIANZA FELIZ



Este libro de la psicóloga infantil Rosa Jové está dirigido a padres y madres con niños de cero a seis años y trata un amplio abanico de temas, yo no he echado de menos ningún asunto importante, seguro que alguna cosilla se queda siempre en el tintero, pero lo importante está aquí (aunque después hay ciertos temas,como el sueño o las rabietas que la autora trata en libros aparte de forma más extensa).

Primera parte: Una vida en nuestras manos

Bases para una crianza feliz
El desarrollo armónico del niño
No todo empieza hoy

Rosa Jové nos explica que la familia es un todo en el que todos hemos de participar, con unas bases sólidas siempre basadas en el amor. Lo dice con esta hermosa frase:

"Por amor moveríamos el mundo. Fomente el amor en su familia y sus hijos se desvivirán por hacer feliz la vida de los demás miembros de la misma (...) Un tarrito de miel sólo puede derramar miel" pág 24
Y es bien cierto, el amor realmente mueve montañas, por amor somos capaces de todo, de las mayores locuras. Amemos pues de forma incondicional a nuestros hijos, sólo desprenderán amor.

Un tema importante que se trata aquí también son las atenciones inmediatas al niño, sobre todo en edades más tempranas: acudir cuanto antes cuando nos necesitan reduce el estrés y la ausencia de gritos, amenazas o castigos harán que nuestros pequeños crezcan seguros y sin miedo, lo que sólo puede ser positivo.
"El miedo y el estrés "colapsan" nuestro sistema límbico, que al ser responsable de una parte de nuestra memoria bloquea a su vez los aprendizajes" pág 26

La autora se declara "Filioegoísta practicante" pág. 29, una expresión que me ha encantado (de hecho se la he copiado en mi Twitter!) y que viene a decir algo tan sencillo como que los niños han de ser lo primero siempre, no debemos adaptarlos a nosotros, sino entender que somos nosotros los que tenemos que adaptarnos a ellos.


Segunda parte: Quién educa a vuestros hijos


Los padres
Los maestros
La sociedad

"Educar, del latín ex ducere, que significa encaminar, guiar..." pág 111 Parece obvio, pero no siempre es así, todavía hay quien promueve el "adiestramiento" de los niños y no su educación (la autora pone como ejemplo algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, como los programas tipo Supernanny, en los que los niños han de "ganarse" la atención y el tiempo de los padres, algo que si seguramente les hubieran dado desde el principio les haría ser más felices a todos y tener más armonía en el hogar)


En la difícil tarea de la educación los niños tendrán la influencia y presencia de muchas personas, padres, maestros, familiares y claro, la sociedad en general.
Es de gran ayuda para los niños que los padres sepamos conocer (basta con estar un poco atentos a nuestros hijos y dedicarles tiempo) hasta dónde pueden llegar en cada momento, lo que Rosa Jové llama la zona emocional segura y ayudarles a dar pasitos para que esa zona se vaya ampliando poco a poco.

"Los padres deberíamos averiguar qué es lo que el niño ya puede soportar (zona emocional segura) y trabajar la distancia emocional a cubrir en pequeños saltos que el niño pueda cubrir (distancia emocional asimilable)" pág 73

Parece obvio, pero nos olvidamos en ocasiones de que:
"Es importante basar las relaciones que tenemos con los hijos en los siguientes principios: respeto mutuo, empatía, autoridad horizontal y amor incondicional" pág 111


Un tema que trata también el libro y que me preocupa personalmente mucho, es la violencia contra los niños. Desgraciadamente aún está bien visto el "cachete a tiempo", que tanto daño causa a los pequeños, física y psicológicamente.
De nosotros depende que esto cambie y que no se normalicen estas actitudes: pegar nunca es la solución a nada, independientemente de la edad ¿o es que pegamos a nuestro marido, a nuestra madre? Pues a los hijos tampoco!


"Nuestra sociedad es tolerante con la violencia hacia los niños" pág 157


Tercera parte: Soluciones prácticas

La Alimentación
El Sueño
El Control de Esfínteres
El sexo y los niños
El llanto
Las rabietas y problemas
Los celos
El lenguaje (por Mariana Vas)
El chupete
Mentirosos y miedosos
En este último apartado se tratan temas varios que afectan a los niños hasta los seis años, con ejemplos de la consulta de la propia Rosa Jové, comentarios y consejos, sabios consejos.


¿ACONSEJABLE?


Como os decía al principio, una lectura de lo más recomendable, un libro para tener en casa y consultar, seguro que sacaremos cosas buenas de esta lectura!

lunes, 3 de octubre de 2011

ROSA JOVÉ. CONFERENCIA EN SANTIAGO DE COMPOSTELA

El pasado día 27 de septiembre tuve la ocasión de asistir a una conferencia de la psicóloga Rosa Jové en Santiago de Compostela. La cita, a las siete y media de la tarde en el Colegio La Salle. Me enteré por una amiga y me dio mucha pena que no se diese más difusión a la charla porque a cualquier padre o madre preocupado por educar a su hijo desde la comprensión, el amor y el respeto le interesan este tipo de actos.
He leído a Rosa Jové, para ser más exactos, dos de sus tres libros, y me gusta mucho el enfoque que realiza sobre las relaciones con nuestros pequeños. Para aquellos que la hemos leído la conferencia ha sido como una especie de refresco y refuerzo, para otros, como la amiga que me acompañaba, un abrir los ojos a otra forma de relacionarse con los más pequeños.
Me gustaría compartir con vosotros las ideas transmitidas por Rosa Jové y de las que he ido tomando notas durante la conferencia. Seguro que me dejo algo en el tintero, pero en cualquiera de sus libros encontraréis estos temas tratados de manera que todos los podamos entender.

CASI TODOS TENEMOS NIÑOS NORMALES

A la hora de afrontar cualquier problema con nuestros niños hemos de partir de la base de que en los grupos humanos los conflictos resultan inevitables, por lo que no podemos pretender que en casa todos los días sean una balsa de aceite, ahora bien, podemos tratar de minimizar las consecuencias de estos conflictos inevitables.
Una de las premisas que nos ayudarán seguro a relajarnos como educadores es tener en cuenta dos cosas muy importantes con respecto a nuestros hijos: la pluralidad es "lo normal", algo que nos parece enriquecedor en los adultos no puede parecernos extraño o intolerable en nuestros hijos. A menudo se tiende a uniformizar a los pequeños y esto no hace más que perjudicarnos: parece que si nuestro hijo con 24 meses no habla es un bicho raro, en ocasiones no entendemos que un niño sea más inquieto o que cuando son pequeños necesitan experimentar con lo que les rodea y sí, las manchas son normales cuando hay niños!

NO ME HACE CASO

Algunas veces los adultos nos quejamos de que cuando queremos que nuestros hijos hagan algo éstos no lo hacen o tardan más de la cuenta en hacerlo. Quizá sea interesante realizar la siguiente reflexión: ¿Qué hacemos nosotros cuando nuestro hijo nos llama? ¿Quizá darle largas y no hacerle caso en diez minutos? Seguramente sí, yo la primera, que si estoy tendiendo la ropa, que si sacando la loza del lavaplatos... pues es tan fácil como que mi niño por imitación cuando lo llame a cenar esté entretenido con su juguete y también me dé largas...

¿POR QUÉ?

Si queremos que nuestros hijos sean obedientes pero no sumisos, constantes sin ser tozudos y en definitiva, adultos íntegros, con capacidad de esfuerzo y valores, hemos de tener en cuenta que es fundamental valorarlos y dejar que se cuestionen las cosas, ofreciéndoles siempre respuestas a sus por qués, claro está nunca con frases como "porque lo digo yo".
Un ejemplo bien fácil, está claro que a ningún niño le gusta hacer los deberes, pero seguramente acertaremos más si tratamos de hacerles ver la utilidad de lo que están haciendo.

RESPETAR

Hemos de entender que cada niño tiene su ritmo vital que hemos de respetar y acompañar, cada niño madura en un punto diferente y presionándolos lo único que conseguimos es aumentar su ansiedad. Este tema lo he sufrido con mi niño precisamente: el año pasado empezaba el cole y lo presionamos mucho con el tema del pañal. Malísimamente hecho, más de un año después tiene problemas todavía para controlar, y en parte por la ansiedad que inconscientemente le metimos al pobrecillo.
Buscar la empatía con nuestros hijos ayuda mucho a que se sientan queridos y respetados. En edades tempranas es fundamental, pues los padres somos el espejo en el que se ven, y la imagen que tienen de sí mismos es la que nosotros le proyectamos con nuestra actitud y nuestras palabras, y ojo, somos también sus modelos, harán lo que hagamos, no lo que les digamos que hagan, por lo que un modelo coherente será básico para su educación.
Nuestros hijos cuando sean adultos tendrán que tomar decisiones, ¿por qué no enseñarle desde niños? Podemos enseñarle a tomar decisiones dejándole que lo haga, mostrándole el camino y ayudándole cuando sea necesario. Los pactos en familia suelen dar buen resultado, y cuando una norma en casa es consensuada por todos es más fácil llevarla a cabo y razonar con el niño cuando se la salta.

Eso sí, hay ciertas cosas que no podemos hacer cuando los niños son muy chiquitines, antes de los dos o tres años el niño no tiene capacidad de razonar por un motivo físico: no se ha realizado todavía la mielización del córtex cerebral, es decir, aún no están preparadas las conexiones cerebrales que permiten que el niño razone y tenga memoria, por esto no es posible acordarse de cosas que nos han pasado con menos de dos años, aunque sí tengan consecuencias en nuestra vida posterior (si nos maltratan no nos acordaremos, pero los daños estarán ahí).

EL PRESENTE REPERCUTE EN EL FUTURO

Debemos ser conscientes de que estamos haciendo los cimientos de nuestros niños, que los adultos que sean el día de mañana en gran medida los estamos creando los padres y madres en el día a día con ellos. En ocasiones no somos conscientes del daño que podemos hacer a nuestros hijos con la reiteración de actitudes desfavorables.
Con las amenazas, que no dejan de ser cosas que decimos y no cumplimos, estamos poniendo las bases para que en el futuro nuestro hijo sea un adulto mentiroso.
Está demostrado que los niños que están en un entorno en el que los gritos son habituales, pueden tener en edades más avanzadas problemas en los estudios por falta de concentración.
Un niño ignorado seguramente cuando sea adulto estará poco unido a sus padres, no sentirá un fuerte vínculo con ellos y deseará alejarse y hacer su vida.
Un niño que crece atemorizado puede llegar en los casos más extremos incluso a la muerte neuronal

Ser padres es una enorme responsabilidad, tenemos en nuestras manos el futuro y depende de nosotros que ese futuro esté lleno de adultos que valoren a la familia, que sean amigos de sus amigos, adultos que sepan tomar decisiones, responsables, trabajadores... Profesionales como Rosa Jové nos ayudan mucho a los que queremos hacerlo lo mejor posible con nuestros hijos entendiendo cómo ellos viven las cosas desde su perspectiva infantil y tratando de no hacerles daño, un daño que muchas veces ni tan siquiera es consciente.

Os aconsejo leer a Rosa Jové y por supuesto asistir a alguna de sus charlas si tenéis ocasión de hacerlo. Muchas madres me dicen que leer este tipo de manuales no les interesa, que aplican el sentido común... pero no está de más ir algo más allá y saber qué pasa por la cabecita de nuestros niños y que lo que es de cajón desde nuestro razonamiento de adulto puede no serlo en absoluto desde la de nuestros peques.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

APRENDER A EDUCAR SIN GRITOS, AMENAZAS NI CASTIGOS. NAOMI ALDORT

Como ya muchos de vosotros sabeis por otras opiniones que he escrito, me gusta mucho leer libros sobre la educación de los hijos, una tarea que todos los padres saben que es difícil y en ocasiones algo dura de llevar, por lo que se agradece de vez en cuando leer algún consejo o planteamiento que ayuden a poder hacerlo mejor, a comprender a los niños, algo que no siempre es fácil...
Este libro lo leí el pasado mes de mayo: "Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos", una obra que se define por sí sola simplemente con el título. Me lo aconsejó una vecina que tiene una niña algo mayor que el mío, lo cogí prestado en la biblioteca y me gustó tantísimo que me lo he comprado. No conocía de nada a la autora, Naomi Aldort, así que imagino que muchos de vosotros tampoco. Ahí va una pequeña reseña sobre ella:

NAOMI ALDORT: LA AUTORA

Naomi Aldort es asesora familiar, escritora y conferenciante. Es americana, está casada y es madre de tres hijos. Ha escrito numerosos libros acerca de educación infantil y tiene una web propia www.naomialdort.com, a través de la cual asesora a padres y madres de todo el mundo. Incluso podemos ver algunas de sus charlas en YouTube. Además de numerosos libros, la autora publica artículos en revistas de educación de varios países.

APRENDER A EDUCAR...



No hay una receta ni fórmulas mágicas o infalibles. Cada niño es un mundo, tiene su propia personalidad y un entorno que condicionará gran parte de su evolución como persona, pero este tipo de publicaciones pueden ayudarnos a entender a nuestro hijo y, en el caso de este libro, ayudarnos a realizar reflexiones en positivo que harán que la relación con nuestro hijo sea mucho mejor.
Aunque parezca increíble, os diré que algo ha cambiado en casa desde que hemos puesto en práctica los consejos de Naomi Aldort: se terminaron las rabietas del niño, el ambiente es mucho más relajado, no nos eternizamos para salir de casa... pequeñas cosas que en apariencia no suponen nada, pero que en el día a día sí estresan a padres e hijos. Siempre he sido partidaria de educar a mi hijo desde el amor, el diálogo, la comprensión y la empatía, buscando su bienestar y equilibrio emocional, para sentar unas buenas bases que en su vida adulta le hagan ser una persona segura. Una empresa sin duda más que difícil, pero que intento lograr día a día.
¿Y cómo nos ayuda Naomi Aldort?


Pidiéndonos que nos paremos a pensar un poco antes de reaccionar ante cualquier cosa que haga o diga nuestro hijo (el clásico "contar hasta diez"), pensar si la respuesta que vamos a tener es fruto de nuestra conveniencia, egoísmo o vivencias de la infancia (y de verdad muchas cosas vienen de ahí, es increíble darse cuenta de cuántas cosas no haríamos o diríamos si las pensáramos dos veces) y empatizar, una tarea bastante difícil porque el razonamiento de un niño y un adulto son muy diferentes.
"Un niño autónomo, cuya vida sigue el curso que él elige, actúa productivamente porque lo desea, no por miedo ni la necesidad de aprobación". Puede funcionar a corto plazo decirle al niño que si no hace esto no se hará esto otro que le apetece muchísimo: es cierto, obedecerá, pero no por estar convencido de que las cosas han de ser así, sino por miedo al castigo o a la represalia.

La fórmula: A.P.E.G.O.


A: Aislarse del comportamiento y emociones del niño hablando en silencio con uno mismo.
P: Prestar atención al niño. 
E: Escuchar lo que el niño dice o lo que sus acciones nos dicen. Hacerle ver que lo estamos escuchando y entendemos (aunque no necesariamente compartamos) sus sentimientos. 
G: Garantizar la validación de los sentimientos del niño, sin dramatizar ni añadir nada. 
O: Otorgar confianza al niño, confiar en su capacidad de resolución, demostrarle que confiamos en él.

Cuando el niño se siente arropado por nuestra comprensión, ve que le ayudamos a buscar alternativas a lo que para él es un problema o un disgusto y le dejamos actuar, realmente lo hace, se siente muy satisfecho y los pequeños problemas y conflictos cotidianos se resuelven sin grandes traumas. En ocasiones este camino es algo más largo que un simple "si no dejas eso no iremos al parque", pero a la larga muchísimo más beneficioso para todos. Os recomiendo la lectura de este libro sin dudarlo, a mí me ha ayudado muchísimo y estoy realmente satisfecha de ver cómo reacciona mi niño, muy positivamente.







lunes, 27 de junio de 2011

MUJERES VISIBLES, MADRES INVISIBLES


Como muchos ya sabéis, me gusta mucho leer libros sobre temas infantiles, educación, psicología, y también maternidad y familia.
Hace tiempo una amiga me había hablado de Laura Gutman, la autora del libro que hoy os comento, así que cuando ví que tenían este Mujeres Visibles, Madres Invisibles en la biblioteca, decidí acercarme a esta psicóloga argentina, terapeuta familiar que recoge en sus libros su experiencia en consulta, así como sus consejos como profesional.
En España además de este libro, ha publicado La Maternidad y el Encuentro con la propia Sombra (que tengo muchísimas ganas de leer), Puerperios y otras exploraciones del Alma Femenina, Crianza, Violencias invisibles y Adicciones y por último La Revolución de las Madres, todos ellos con la editorial RBA.



MUJERES VISIBLES, MADRES INVISIBLES




Este libro de Laura Gutman no sigue un hilo argumental, puede leerse por capítulos sueltos, o todo seguido. Como se dice en la contraportada, se trata de un compendio de "Ideas, artículos, notas, pensamientos y anhelos" sobre aquellos temas que como profesional vive a diario y aquellos que como mujer le interesan o preocupan.
En mi caso, lo he leído prácticamente todo, quitando temas de lactancia y nacimiento que ya he pasado y no me apetecía leer.
Algunos de los títulos que encontraremos en este libro son los siguientes:

La televisión como baby-sitter
Violencia doméstica
Ha nacido un hermanito
El exceso de juguetes y objetos
El uso del “no”, un recurso poco eficaz
El síndrome del nido vacio
Las rabietas
Comprar en lugar de vincularse
Ser madre después de los 40
Maternidad, sexualidad y trabajo
Niños como rehenes de los divorcios
Exceso de estímulos en niños y adicción.

El planteamiento de esta autora en algunos de los temas que trata me resulta muy novedoso, pues ella afirma que muchos de los problemas de los niños son reflejo de la infancia de sus padres, madres o ambos. De hecho ella en muchas ocasiones ha logrado resolver problemas de los niños simplemente tratando a los padres y ayudándoles a enfocar los temas cotidianos de otra forma o teniendo una actitud diferente ellos mismos.

Los niños son tremendamente sensibles y observadores, un niño que por ejemplo observa que en casa las cosas se solucionan por medio de la coacción o la fuerza, pensará que él ha de hacer igual cuando se vea ante un conflicto. Cuando viva que papá o mamá no expresan sus sentimientos y siempre callan, él no lo hará tampoco... estos son sólo algunos ejemplos que vienen ahora a mi memoria.
Como siempre digo, este tipo de escritos no son la biblia, no hay que seguirlos al pie de la letra ni nos van a dar soluciones infalibles para nuestra familia en concreto, pero siempre nos transmiten enseñanzas, nos llevan a reflexiones, que pueden ser muy constructivas y lograr que mejoremos aspectos de la relación con nuestros hijos para andar mejor ese difícil camino de la crianza.


Me gustaría compartir con vosotros algunos capítulos y reflexiones de la autora que me han gustado especialmente:
Cuando habla de los abusos físicos en los niños, Laura Gutman nos comenta, además de que los niños que padecen esto lo harán a su vez, la siguiente reflexión:
"Les pegamos porque, frente a la imposibilidad de amarlos, es lo único que sabemos hacer.
En verdad, cuando pegamos a los niños, quien está pegándoles es nuestro niño herido, violentado, temeroso, destruido, impotente y ferozmente inhabilitado. Es nuestro niño interior que perdió todas las batallas durante la infancia,sometido al desamor y a la incomprensión de quienes debían protegernos.
Ojalá aquellos padres que pegan a sus hijos reflexionen sobre esto, piensen cómo se sintieron ellos de niños y se den cuenta del grandísimo error cometido.


Cuando se comentan los temores nocturnos de los niños, la autora critica (en mi opinión muy acertadamente) a aquellos que aconsejan a los padres que no les hagan caso y los dejen llorar hasta que vuelvan a dormirse.
Laura Gutman nos aconseja tener otra actitud muy distinta ante el miedo de nuestros hijos, no quieren oír que estos fantasmas nos los imaginamos, que es imposible que haya un monstruo en su armario... sólo nos pide que hagamos una prueba muy sencilla: "Vale la pena hacer la prueba: si, envuelto en nuestro cuerpo, el niño se duerme, pues bien, no hay mejor garantía para cazar fantasmas". Cuerpo, abrazos, canciones y caricias son armas infalibles contra todos los malos que asustan a nuestro pequeño.
Laura Gutman nos aconseja a padres y madres que no seamos excesivamente duros con nosotros mismos, que lo hagamos lo mejor que sepamos desde el amor incondicional, pero que tengamos siempre presente que la perfección no es posible, y nos recuerda que nuestros hijos desean agradarnos, desean que les concedamos algo de nuestro tiempo al llegar del trabajo, aunque estemos cansados, que no los aparquemos en la tele o con los videojegos, ese pequeño rato con papá o mamá vale para ellos mucho más que el más sofisticado de los juguetes.

Un libro que os recomiendo y que sin duda no será el último que lea de esta autora argentina.

miércoles, 11 de mayo de 2011

NI RABIETAS NI CONFLICTOS. ROSA JOVÉ


Hoy me gustaría hablaros del nuevo libro de la psicóloga Rosa Jové, que lleva por título ni más ni menos que "Ni rabietas ni conflictos", temas que siempre que hablamos de familias surgen prácticamente a diario. Cuando mi amiga Ana me dijo que había salido este libro, inmediatamente lo solicité en la biblioteca.

Antes de hablaros de este libro en concreto, me gustaría presentaros a Rosa Jové:
Nació en Lleida en 1961 y estudió psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona, está especializada en psicología clínica infantil y juvenil y en psicopediatría (bebés de 0 a 3 años).
Además se ha especializado en antropología de la crianza, dentro de la licenciatura de Geografía e Historia.
Es fundadora, junto con otras personas más, del grupo de psicólogos en emergencias y catástrofes de Cataluña, que ha estado presentes en tragedias como Biescas o el 11M.

Tiene consulta en Madrid y Barcelona, escribe habitualmente libros y artículos de psicología infantil y algo importantísimo cuando se trata de estos temas: es madre, algo que me parece fundamental, pues además de su preparación académica cuenta con la experiencia del día a día con sus dos hijos, que tienen ahora 10 y 12 años.


NI RABIETAS NI CONFLICTOS



Como hago siempre que hablo de un libro sobre psicología infantil, os aclaro que este tipo de manuales no nacen con la idea de dar fórmulas mágicas a los padres, ni un guión para seguir y que funcione con todos los niños... eso sería imposible, cada familia es un mundo diferente. Lo que sí se puede sacar de este tipo de libros es un enfoque concreto, una reflexión sobre lo que hacemos en el día a día y cómo lo reciben nuestros hijos según la edad que tengan, pequeños trucos para evitar "males mayores" o peleas innecesarias, muchas veces incluso sugerencias sobre cambios de actitud de los padres y madres, imprescindibles.

Hemos de tener la mente abierta, ser capaces de reflexionar y vernos a nosotros mismos interactuar con nuestros hijos, ver qué hacemos mal, no somos perfectos, ni mucho menos, y seguro que hay aspectos de mejora que harán que la convivencia resulte más fácil. A mí me ha pasado numerosas veces con este tipo de lecturas, con Rosa Jové, Carlos González o Adele Faber y Elaine Mazlish (autoras de Padres Liberados, Hijos Liberados), he aprendido a relativizar y a empatizar con mi hijo, aunque no siempre es fácil o sé hacerlo.


El libro habla de niños de 0 a 12 años, pero la autora nos aconseja no leer solamente el tramo de edad correspondiente a nuestro hijo, sino todo en su conjunto, yo así lo he hecho y aunque el tramo final lo veo aún lejano tampoco sobra ir viendo pautas y sabiendo qué cosas hará nuestro hijo, pues muchas de ellas forman parte de su proceso natural de maduración y ocurrirán con certeza.


SER NIÑO TAMBIÉN ES DURO



Este es el título de la primera parte, y en él la autora ya lo dice todo... ser niño no es tarea fácil, ellos también han de aprender a moverse en la sociedad, poco a poco ser capaces de controlar sus emociones, algo que no logran hasta los cinco o seis años, e intentar comunicarse con aquellos que tienen más cerca.

Los niños son niños. Esto parece evidente, pero hemos de tenerlo muy claro, porque si lo hacemos, veremos que muchas de las cosas que ocurren "son normales", el niño prefiere jugar a estar quieto, tiene una curiosidad innata, no aprenderá a ordenar su habitación antes de los cuatro o cinco años, para ellos eso de guardar cada cosa en su sitio es un juego, del que pasado un rato se cansan... conocer ciertos datos nos ayudará a evitar conflictos.
Puedo intentar que mi niño de tres años y medio me ayude a guardar un par de cosas en su habitación, pero no entenderá el concepto de ordenar hasta más tarde, y este es el origen de muchos problemas, exigir al niño las cosas antes de que sean capaces de hacerlas. Paciencia, todo llegará a su debido tiempo.

Algo que me ha parecido fundamental es saber que '''el niño no es capaz de verse a sí mismo más que a través de los que le rodean" (hablo de niños de menos de 4 años), por lo que la imagen que él tendrá de sí mismo será la que nosotros le demos: si está escuchando todo el día que es malo, irresponsable... él realmente se creerá que es así, y como tal ha de comportarse, por lo que tenemos que tener muchísimo cuidado, pues sabemos que nuestro hijo aunque a veces se porte mal, no es un niño malo.


CÓMO EDUCAR SIN CASTIGAR



En la segunda parte del libro, Rosa Jové nos explica que ciertos comportamientos que no se dan con los adultos, tampoco deberían darse con los niños: no castigamos a nuestro marido sin tele porque ha quemado la camisa al planchar... ¿por qué castigamos a nuestros hijos? En ocasiones además ese castigo resulta una marca y un daño para el niño de los que no somos conscientes y lo que logramos es que delante de nosotros no haga tal o cual cosa por temor al castigo, no que entienda que eso no debe hacerse...
Los niños entienden mucho más de lo que en ocasiones los padres creemos y, sobre todo ven y oyen, están con nosotros en casa y de forma inconsciente el niño se da cuenta de los valores que le inculcamos, de lo que es o no importante. A veces nuestro niño necesita "tantear" lo que realmente importa, no es que nos esté chinchando, pero quiere saber qué es lo que se valora y lo que no se puede o se puede hacer nunca, a veces o siempre.

Por ejemplo, el niño probará a hacer determinadas cosas repetidas veces y en determinados contextos o delante de personas diferentes, pero no es por ver si "cuela" ni nada por el estilo, es para saber si cambiando ciertos parámetros puede o no hacerlo: subirse al sofá, coger la comida con las manos... Cuando se de cuenta de que esto nunca puede hacerse, no lo repetirá.

Algo que me ha gustado muchísimo de este libro es haber reflexionado sobre las cosas que desde mi posición de madre puedo cambiar para evitar problemas. Cuánta razón tiene Rosa Jové en esto!!!! Lo he estado pensando y las dos veces que he castigado a mi niño era por agotamiento mío, en otra situación no lo hubiera hecho (somos humanas!), pero lo importante es que nuestra actitud ante las cosas es fundamental para evitar situaciones desagradables para todos y lo curioso es que, como bien dice la autora,hay cosas que sólo hacemos con los niños y no se nos ocurren con los adultos:

Si a mi marido se le cae la taza al suelo, rápidamente le ayudo a limpiar y le digo que ha sido un accidente y no se preocupe ¿por qué voy a reñir a mi niño? Claro que no, es obvio que hemos de tener la misma actitud y explicarle que no tiene importancia y trate de tener más cuidado. En mi caso, siempre le pido que me ayude a limpiar.
Tengo un niño de lo más presumido y en ocasiones, no quiere ponerse la ropa que yo he preparado el día anterior.. a veces tenemos un rifi rafe matinal, pero me he dado cuenta de que mientras no quiera ir en bañador en el mes de enero o de pantalón de pana en agosto, puedo evitar esta situación y dejarle que forme parte de la decisión, parece una tontería, pero la verdad es que no lo estaba haciendo bien...


En fin, como resumen de este libro, pongo una frase que la autora menciona y me ha gustado mucho "Quiéreme cuando menos me lo merezca porque será cuando más lo necesite".
Seamos más comprensivos con estos pequeñines que tienen "explosiones emocionales" o rabietas, eduquémoslos con amor, cariño, tiempo, paciencia, valores y ejemplo, será la manera de lograr que sean adultos responsables, cariñosos e íntegros, está en nuestras manos.

En ocasiones no es fácil, no es nada fácil, pero ellos sabrán entender cuando tenemos un mal día, igual que nosotros hemos de hacerlo cuando son ellos quienes lo tienen.

domingo, 20 de marzo de 2011

PADRES LIBERADOS, HIJOS LIBERADOS

Como muchos ya sabeis, me gusta alternar la lectura de novelas con libros sobre crianza y psicología infantil. Tengo un niño de 3 añitos y medio y me gusta estar informada sobre todo lo que tenga que ver con sus cosas, leer otras experiencias, entender lo que le pasa, física y psicológicamente, aunar en una palabra la experiencia propia y la orientación de profesionales del tema para tratar de hacer lo mejor posible la dificilísima tarea de ser madre.
Uno de los muchos libros que he leído es "Padres Liberados, Hijos Liberados", y me gustaría hablaros de él porque la verdad es que, si bien no estoy de acuerdo al 100% con sus contenidos, sí me ha dado ciertas claves y puntos de vista que me han parecido enriquecedores.


PADRES LIBERADOS, HIJOS LIBERADOS


Este libro fue publicado por primera vez en el año 1Su974, ya llovió desde entonces, y si bien ha sido actualizado en los años 90, se nota que han pasado años en muchos detalles, como la presencia de pocas madres trabajadoras, el papel paterno... pero en esencia, la filosofía del libro es perfectamente aplicable a los tiempos actuales.
Sus autoras son Adele Faber y Elaine Mazlish, dos madres con tres hijos cada una que a través de este libro nos cuentan su experiencia en el taller para madres del doctor Haim Ginott, psicólogo infantil que durante cinco años guió a un grupo de madres en la educación cotidiana de sus hijos.

El libro tiene dos partes fundamentales:

LOS NIÑOS SON PERSONAS

Resulta una obviedad ¿a que sí? Sin embargo esta frase encierra una gran verdad, y es que hemos de ser conscientes de que nuestros hijos, como cualquier otra persona que nos rodea, tiene sentimientos que han de ser escuchados y comprendidos, no por ser pequeño su problema es pequeño, que necesita nuestra ayuda y apoyo, respeto, diálogo y comprensión.
Las autoras inciden especialmente en que los niños han de reconocer sus propios sentimientos ante lo que les rodea y les ocurre para poder gestionarlos correctamente: todos los sentimientos han de ser aceptados, los buenos y los malos, hasta que los sentimientos de enfado de un niño no salen a la luz (...) el niño no es libre para cambiar.
Los padres hemos de comprender también que el sufrimiento y los fracasos y decepciones forman parte de la vida, que harán que nuestro hijo crezca y se forme y aunque nos duela, no podemos aislarlos de estas cosas, ayudarles, acompañarles, hacerles ver que estamos ahí, pero no meterlos en una burbuja o un mundo color de rosa que no es real. Tampoco negar nuestro dolor ante algo que realmente nos hace daño, como una pérdida de un ser querido, no hemos de fingir ante ellos, aunque sí transmitirles algo importante, y es que las cosas se superan.
A través de múltiples ejemplos se nos explica que la empatía con el niño es una parte fundamental en nuestra relación cotidiana, gran ayuda para momentos de rabieta y enfado de los pequeños: explicarles que comprendemos cómo pueden sentirse y tratar de darles opciones.
Os pongo un ejemplo que me ocurrió a mí misma. Una noche mi niño se cogió un berrinche tremendo cuando su padre se fue a trabajar (hace turnos de 24 horas y entra de noche), se tiró en el pasillo con una foto de su papá llorando. Pensé en los consejos del libro, que en ese momento estaba leyendo y le dije: "Entiendo que estés disgustado, te apetecía que papá estuviese aquí y tiene que irse a trabajar. A papá quizá le gustaría quedarse también pero no puede ser, sabes que papá y mamá tienen que trabajar. Puedes quedarte en el pasillo llorando o venir conmigo y leemos un cuento juntos". El resultado: colocó la foto de papá en el mueble del vestíbulo y se vino a mi cama a leer un libro. Me quedé encantada, porque yo nunca había actuado así, normalmente me quedaba consolándolo un montón de tiempo.

LOS PADRES SON PERSONAS

En esta segunda parte del libro, las autoras insisten en que, además de padres y madres, somos personas y no debemos auto anularnos por el hecho de tener un hijo: su bienestar es lo más importante, pero nosotros también estamos ahí.
Este capítulo me hizo pensar mucho, caí en la cuenta de que yo había hecho exactamente esto, ser madre y olvidarme de mí misma y de mis cosas.
Al igual que nosotros hemos de comprender a nuestros hijos, también ellos tienen que entender que un día estemos cansados, o que no nos apetezca jugar a tal o cual cosa... Os pongo otro ejemplo. Yo soy de las que jamás le digo que no a mi niño a la hora de leer, jugar o cualquier actividad que él quiera hacer, pero la verdad es que en ocasiones sí que hubiera preferido descansar porque había dormido mal o porque llegaba del trabajo agotada. Me sentía fatal si no le decía siempre sí, pero entendí que él también tiene que aceptar un "no".
Un día que estaba cansadísima mi niño quería jugar con los coches en su habitación. Le contesté que estaba muy cansada, que por favor jugase un ratito él solo para que yo descansara un rato y después poder hacer algo juntos con mamá más descansada. Para mi sorpresa el niño lo comprendió perfectamente, se fue a su habitación, jugó solito media hora que me supo a gloria y después estuvimos toda la tarde juntos jugando, en el parque, paseando al perro... Logré no sentirme mal por decirle "ahora no".
Realmente me ha valido mucho este libro y os aconsejo a todos los que teneis hijos que lo leais y seguro que conseguís sacar algo en limpio para vuestros hijos, siempre es bueno conocer otros puntos de vista y experiencias, resulta de lo más enriquecedor, al menos esto es lo que opino yo personalmente.


Padres liberados, hijos liberados
Adele Faber y Elaine Mazlish
Edit. Medici
Tapa blanda. 261 páginas

lunes, 7 de febrero de 2011

¿TU NIÑO COME BIEN?

Me gustaría compartir con todos vosotros el último libro sobre niños que he leído. Como sabéis, tengo un niño de tres añitos y me gusta leer libros sobre educación, psicología y crianza infantil.
Una de las personas más coherentes que conozco es el pediatra Carlos González, gran profesional que desde el sentido común y sus conocimientos como médico aconseja a las madres sobre temas tan difíciles como la lactancia, la nutrición infantil o las relaciones paterno-filiales en los primeros años de vida.


CARLOS GONZÁLEZ

Nació en el año 1960 y se licenció en medicina en la Universidad Autónoma de Barcelona, ciudad en la que también hizo su formación como especialista en pediatría.
Ha fundado la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna y es miembro del Consejo de Asesores de Salud de La Liga Internacional de la Leche.
Como experto en lactancia materna ha formado a profesionales de la salud desde 1992 y ha traducido varios libros del tema.
Es gran partidario de la crianza con apego, la lactancia, el colecho, el contacto máximo entre el niño y sus progenitores.
Colabora con la revista Ser Padres, con una consulta sobre lactancia.

Bibliografía (Wikipedia)

Mi niño no me come
Bésame mucho, cómo criar a tus hijos con amor
Manual práctico de lactancia materna
Un regalo para toda la vida, guía de la lactancia materna
Comer, amar, mamar
Entre tu pediatra y tú


MI NIÑO NO ME COME


Imagino que como yo, todos aquellos que tengáis hijos o niños pequeños en vuestro entorno estaréis hartos de escuchar esta frase... Pues bien, Carlos González le da la vuelta a la tortilla y nos explica que nuestro niño "come lo que necesita" y que la mayoría de las veces nos preocupamos cuando el problema no existe.
Siguiendo el libro, os iré explicando lo que Carlos González quiere transmitir a los padres preocupados por este tema:

¿PARA QUÉ SIRVE COMER?


La respuesta es bien sencilla: comemos para poder seguir viviendo, para poder crecer (en el caso de los pequeños) o engordar (en el caso de los que sólo "crecemos" a lo ancho...) y movernos.
Aunque no realicemos ejercicio físico, aún encamados, necesitamos comer.
El problema viene cuando nos enfrentamos a la situación de las cantidades de comida que hemos de dar a nuestro hijo. La cantidad de comida que necesitaremos básicamente dependerá del tamaño. Carlos González pone un ejemplo más que evidente: "Si se compra usted un perro, tenga cuidado al elegir la raza: un pastor alemán come mucho más que un caniche".
Aquí tenemos una de las variables que hemos de manejar. Nuestros hijos necesitan energía porque están creciendo, pero son mucho más pequeños que nosotros. ¿Obvio? Claro que es obvio, pero resulta que cuando le damos un yogur (industrial, de 125 gr, pensado para un adulto) y no se lo come todo, nos quejamos, y yo la primera!
Muchas veces no caemos en la cuenta de que la "ración" que pretendemos que nuestro hijo coma es excesiva para él y de que tenemos la referencia adulta.

¿POR QUÉ NO COME SIEMPRE IGUAL?

Los niños en sus primeros años de vida gastan mucha más energía en crecer que en moverse, por mucho que se mueva, juegue, corretee, pasee... Y el crecimiento no se produce siempre a la misma velocidad. En su primer año de vida el niño crece muchísimo más que en cualquier otra época de su vida, llegando a triplicar el peso con el que nació. En proporción, un niño de meses come mucho más que nosotros.
Esta sería la explicación al "parón" que tienen muchos niños cuando pasan del año y escuchamos decir a los padres que antes comía fenomenal y desde el año come mucho menos... ¡Es que no lo necesita! El organismo de nuestros niños se autorregulan.

MI NIÑO NO QUIERE VERDURA

Carlos González quita hierro al asunto contándonos como anécdota que su propio padre no comió en su vida una hoja de lechuga...
El caso es que cuando la lactancia materna se prolongaba mucho más en el tiempo y era lo habitual al no existir todavía las leches artificiales, frutas y verduras formaban parte de la dieta de los niños a partir de los dos o tres años. Se adelantó el momento de la introducción de estos alimentos con la llegada de la leche artificial para dar al niño las vitaminas que contienen y de las que carecían las primeras leches artificiales.
El problema de las''' frutas y verduras''' es que son bajas en calorías, lo de problema lo digo por lo que explica Carlos González a continuación: "Los niños pequeños tienen el estómago más pequeño todavía. Necesitan comidas concentradas, con muchas calorías en poco volumen". Un niño pequeño no puede meter en su estómago las frutas o verduras necesarias para el aporte calórico que precisa, por lo que su cuerpo le "pide" otro tipo de alimento más calórico.
Dicho esto, lo "normal" no será que nuestro niño pequeño se coma una manzana entera, más bien tenderá a otro tipo de alimento y tomará un trocito o dos de manzana. Esto que a las madres nos parece que es comer poco o tener manía a la fruta, está dentro de la lógica y la propia naturaleza se lo dicta al niño, que poco a poco irá incrementando la cantidad de estos alimentos en su dieta, a no ser, claro está, que nos empeñemos en metérselos a la fuerza y entonces sí aborrecerán la fruta para siempre.
Paciencia, pues, con los pequeñines, cuando su estómago crezca irán demandando más este tipo de comida.

¿LO DEJO A SU AIRE?

Lo que en resumidas cuentas nos viene explicando el autor de este libro es que la responsabilidad de los padres a la hora de enfrentarse a la comida de los hijos, es decidir qué les ofrecemos y darles siempre opciones sanas, es decir, es evidente que ante un bocata de queso y otro de Nocilla el niño querrá el de Nocilla... a los mayores también nos pirra el chocolate!!!
Hemos de cambiar el chip (nosotros estamos en ello) y hacer propuestas al niño como la que nos comenta Carlos González: Por ejemplo, a la hora de comer tenemos sopa de fideos y pollo con guisantes y zanahoria. Pues que el niño coma lo que el cuerpo le pida y en la cantidad que quiera en un tiempo razonable. No tiene sentido levantarse de comer a las cinco de la tarde. ¿El resultado? Se han hecho experimentos en varios países, sobre todo Estados Unidos, que demuestran que los niños comen de forma irregular, unos días más que otros, o durante una temporada mucho más de cierto alimento, pero que a medio plazo eligen ellos solos una dieta equilibrada, aunque parezca increíble!!!
Eso sí, olvidémonos de chuches o refrescos a diario y los dulces, tartas, pasteles han de ser muy de vez en cuando.
Olvidémonos también de percentiles y gráficas de peso, lo importante, lo fundamental es que el niño esté sano y alegre, hay muchas gráficas diferentes y si pusiéramos los datos de nuestro hijo en unas y en otras y comparásemos el resultado no sería nunca el mismo... ¿Por qué esa obsesión con que nuestro niño esté por encima de la media en los percentiles? ¿Y la genética? Si yo no soy alta y mi marido tampoco, es evidente que mi hijo no puede estar por encima en las gráficas de altura, por poner un ejemplo.

En resumen, lo que nos viene a decir este libro es que vigilemos, propongamos, asumamos nuestra responsabilidad de ofrecer a nuestros hijos una alimentación sana y equilibrada. Los padres elegimos qué y ellos eligen cuánto. Os aconsejo que probéis este sistema, ahorraréis tiempo, disgustos, lamentos y vomitonas provocadas de vuestros niños.