lunes, 23 de abril de 2018

TARTA DE ALMENDRAS CON AMOR

Cuando llegó este libro a mis manos, la única referencia que tenía de su autora, Ángela Vallvey era su novela Los estados carenciales, que leí  el año de su publicación, nada menos que en 2002, pero recordaba que me había dejado con buen sabor de boca.
Los temas principales de esta novela son lo suficientemente atractivos como para acercarse a ella: acoso escolar, falta de autoestima o relación tóxica con la comida. Todo ello situado en el mundo adolescente, que es cuando este tipo de problemas se acentúan y pueden desembocar en problemas graves. 
La protagonista absoluta es Fiona, una adolescente de 17 años que, fallecida su madre, tiene que ocuparse de su padre ella sola. Pero ella no sabe cocinar, así que los precocinados y la comida basura están presentes a diario en su casa. 
Gracias a su tutora, conocerá a Mirna, una mujer de arrolladora personalidad que me ha encantado, que conectará muy bien con Fiona y le enseñará recetas saludables para el cuerpo y el alma, algo dolorida a causa de su enamoramiento no correspondido. El libro está lleno de recetas, no puestas como tal, si no intercaladas en la narración, pero explicadas de tal forma que podríamos hacerlas perfectamente.

"Creo que lo mejor de la vida es tener amigos, pero me gustaría que mis amigos fuesen mágicos. Capaces de ayudarme a encontrar las soluciones que no puedo hallar yo misma". (pág. 155)

"Están asilvestradas. Son malas. Me van a arrear... Y yo soy una imbécil que no sabe defenderse. Me gustaría poder hacerlo, pero hay algo que no soy capaz de sacar de dentro de mí: no encuentro la rabia para devolver un puñetazo". (pág. 187)

"Tenemos una confitura muy distinta de la mermelada a la que tú estás acostumbrada. Es un poquito amarga, pero te encantará. Te advierto que no puedes abusar de ella porque no necesitas demasiado dulce en tu vida. El dulce, déjalo para los sentimientos, en la mesa no abuses de él hasta que no vuelvas a caber en una talla XXXL". (págs. 252-253)

La autora quiere concienciar a través de Fiona sobre la importancia de una alimentación saludable, así que además de enseñarnos la transformación de la protagonista a través de su cambio de hábitos culinarios, invita al lector a meterse en la cocina, buscar recetas sencillas que cualquiera puede hacer y que nos sirvan para escapar de las opciones fáciles de las comidas preparadas.
La novela se lee con facilidad, una vez pasado el primer tercio, en el que el ritmo narrativo es realmente lento, tanto que reconozco que creí que iba a dejarla a un lado.
La historia de Fiona no pasará a mi lista de lecturas recomendadas, pero no quiero quitar el mérito a la autora, que toca temas que sí me parecen importantes, y explica el vínculo tóxico que tenemos con la comida ¿quién no se ha pegado un atracón en momentos de estrés, de desamor...? ¿Quién no ha sentido la presión social de tener que entrar en una talla determinada? No hemos de empacharnos cuando no nos sentimos bien ni agobiarnos por no comer al mirarnos en el espejo y no ver un cuerpo como los que nos enseñan en los anuncios, en las películas, en las revistas.
La autora recomienda en el apéndice la lectura de Saber comer: 64 reglas básicas para aprender a comer bien (Debate, 2012) y Bueno para comer (Alianza Editorial, 2011)

2 comentarios:

  1. Lo leí el año pasado y no es una historia que me convenció. Se me hizo lenta y repetitiva.
    Besotes!!!

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  2. La historia no me llama demasiado pero esos consejos para comer bien siempre se agradecen, seguro.

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