viernes, 23 de diciembre de 2011

TABERNA EL GATO NEGRO


Uno de los lugares con más fama de Compostela es El Gato Negro, una taberna situada en la calle de la Raíña, paralela a la más conocida del Franco. Ambas ofrecen multitud de restaurantes, vinotecas, taperías y tabernas para todos los gustos y bolsillos.
Pues bien, como os decía aquí está la taberna de la que me gustaría hablaros hoy y que recuerdo desde siempre en la ciudad, no sabría deciros cuánto tiempo lleva abierto pero es el típico lugar que parece que siempre ha estado ahí.

Es fácilmente reconocible porque los marcos de madera de puerta y ventana están pintados de un verde bastante llamativo y porque como no podía ser menos, hay un cartel con un gato de color negro que termina de darnos las pistas para encontrarlo.

El lugar es sencillísimo. Entramos y tenemos a la derecha una barra donde tomar unos vinos o cervezas con raciones. En la parte izquierda hay varias mesas, unas cuatro o cinco. Todo muy sencillo, paredes blancas, prácticamente desnudas, mesas de madera y taburetes para sentarse. A continuación el local se estrecha un poco en la zona de la cocina para terminar en un pequeño comedor que no tendrá más de ocho mesas para cuatro y unos colgadores para bolsos y chaquetas.



En este comedor podemos ver en la pared el listado de las raciones que aquí se ofrecen y el precio (lo único que no aparece es el marisco, pues ya sabéis que suele ser según mercado y no siempre hay las mismas cosas):
caldo, pulpo, empanada, chicharrones, queso de la tierra, jamón, pimientos de Padrón, xoubas, berberechos, mejillones, almejas, zamburiñas... comidas bien sencillas en las que lo bueno es la excelente calidad de la materia prima, además de fresquísima.



Nos atendieron directamente desde cocina (venía una señora que estaba en la cocina a tomar nota), de lo más familiar y amabilísima. Optamos por unos mejillones al vapor, empanada de congrio y chocos en su tinta (no los ponen con guarnición). Estaba todo fantástico, no sabría quedarme con nada, y los platos que iban pasando hacia las otras mesas no se quedaban atrás: cocina casera buenísima y raciones generosas.


De postre el día que fuimos tocaba tarta de Santiago, bizcocho de manzana y queso con membrillo. Optamos por el bizcocho y el queso con membrillo, menudas raciones!!

La única pega es que no pudimos disfrutar de un cafelín, que hubiese combinado fenomenal con el postre, pues no tienen. Bebimos albariño de la casa (exquisito) y una cervecita y pagamos 30 euros. Una relación calidad-servicio-precio estupenda, la fama de El Gato Negro es más que merecida.

3 comentarios:

  1. Huy, pues este sitio queda apuntado pero ahora mismo para cuando vaya a Santiago. Lástima lo del café, aunque en mi caso que no suelo tomarlo no me importaría demasiado.

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  2. Da gusto comer en estas tabernas familiares, donde sirven una excelente comida casera. Tomo nota, aunque desgraciadamente no se cuando podré visitar tu tierra, saludos

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