miércoles, 11 de abril de 2018

GALICIA UNIVERSAL. CIDADE DA CULTURA

El pasado mes de marzo se inauguraba en la Ciudad de la Cultura una exposición de arte gallego de lo más interesante. Bajo el título Galicia Universal, se ofrece al público una colección de arte que va desde el siglo XIX hasta nuestros días, a través de pinturas, esculturas, fotografías y montajes de vídeo.
Optamos por realizar la visita guiada, que se puede hacer de martes a viernes a las 17.30
y los sábados, domingos y festivos a las 12.30 y a las 17.30. Dura una hora y media, y realmente es una pincelada en la inmensidad de los fondos expuestos, pero me pareció muy interesante para tener una idea de conjunto, curiosidades, organización de la exposición y datos de determinadas obras. Creo que tras esta primera visita es aconsejable una segunda con más calma y profundidad. Hasta el mes de octubre habrá tiempo para hacerla.
No tuvimos que hacer ninguna reserva, simplemente nos presentamos a la hora prevista para la visita.

Vigo visto por el inconfundible Lugrís

En mi caso, la exposición me descubrió a muchísimos artistas gallegos, me doy cuenta de que conozco a muy pocos de ellos, y seguro que no me pasa solamente a mí. Esta exposición es una ocasión fabulosa para acercarse a 119, nada menos.
El acceso es gratuito y el horario, muy amplio, de 10 a 20 horas de martes a domingo, así que no tenemos ninguna disculpa para no dejarnos caer por aquí. Estos días de frío y lluvia, puede ser una buena opción para pasar una tarde descubriendo y disfrutando.

Esta obra de Maruja Mallo me gustó mucho
Escultura de Leiro

jueves, 8 de marzo de 2018

LECTURAS EN FEMENINO

Un año más participo en el grupo Tarro-Libro 2018 creado por Carmen, del blog Carmen y Amigos. Además de compartir lecturas e intercambiar opiniones, Carmen nos hace varias propuestas anuales para conmemorar fechas señaladas. Una de ellas es la de hoy, Día Internacional de la Mujer, y lo que haremos las participantes es una proponer una lectura de de alguna forma conecte con el día que hoy celebramos.
El carácter de la celebración de hoy es reivindicativo, las mujeres tratamos de hacer visible la desigualdad que todavía padecemos en una sociedad que no nos valora por igual, no nos da las mismas oportunidades ni nos trata igual que a los hombres. 
Da igual el país del mundo en el que hayamos crecido, todas las mujeres en algún momento hemos tenido miedo por ser mujer o hemos sido discriminadas por nuestra condición femenina.
Mi propuesta literaria es una novela gráfica que leí hace unos meses y me impactó enormemente: Persépolis, de Marjane Satrapi.
La autora iraní nos cuenta su propia historia, que empieza cuando tiene 10 años, en 1979, y a través de ella veremos cómo se produce en su país un cambio social y político radical que desembocará en una república islámica. Su familia luchó para liberarse del Sha y hacer posible la República, pero el cambio que se produce en realidad les lleva a que el país caiga en manos de los integristas, lo que en la práctica supondrá un cambio radical de la situación de la mujer, ha de llevar velo, no podrá escuchar música, estudiar, moverse libremente, tomar sus propias decisiones. 

Si el régimen es duro, para una mujer lo es especialmente y por ese motivo hoy me parece una lectura recomendable, nos invita a reflexionar sobre cómo por el simple hecho de ser mujer, Marjane tendrá una vida mucho más dura que la de cualquier hombre, incluso en un régimen opresor como el iraní.


viernes, 23 de febrero de 2018

EL ÚLTIMO REGALO DE PAULINA HOFFMANN

Cada lector es un mundo y según nuestra experiencia vital y el momento en el que estamos, los libros nos llegan de una manera u otra, nos hacen pensar, nos transportan o se nos hacen cuesta arriba e incluso se nos caen de las manos.
La primera novela de Carmen Romero Dorr nace, según cuenta ella misma en una entrevista a El Mundo, el día que fallece su abuela, a la que estaba muy unida. 
Yo también tuve una abuela muy, muy especial, alguien que dejó un vacío profundo cuando se marchó y que, al igual que la protagonista de esta novela, sabía leer entre líneas, estaba siempre ahí y siempre tenía la palabra justa y el consejo adecuado.
En la historia de Carmen, la abuela es Paulina, y el presente de Alicia, su nieta, y el pasado de Paulina, se irán entrelazando en una historia en la que es muy fácil meterse como lector. Paulina ha conocido el horror de la guerra, que dejará profundas cicatrices en ella pero le enseñará a seguir adelante, a superar todos los reveses de una dura vida. Alicia ha crecido en un mundo en paz, pero también su alma tiene heridas por las experiencias vividas y la muerte de su abuela llega en un momento en el que está bastante perdida y sin tener claro qué es para ella lo prioritario, lo que de verdad importa.
Pasado y presente se unen para cerrar un círculo gracias a la relación entre la nieta y la abuela, alternando un narrador en tercera persona la vida de ambas e intercalando algunas cartas. 
"El papel escrito nos sobrevive, recuerda nuestra historia aunque nos hayamos marchado. Cuando no seamos más que un puñado de huesos en un agujero cualquiera, la celulosa solo empezará a amarillear tímidamente, la tinta apenas amenazará con borrarse. Nuestras palabras seguirán ahí para recordar quiénes fuimos, cómo amamos, por qué sufrimos". (pág. 92)
La abuela Paulina es uno de esos personajes que el lector siente cercano, que encuentra un rincón en el corazón. Una mujer que transmite mucha fuerza y magnetismo, una persona que ha ido aprendiendo, superando las dificultades, levantándose y mirando hacia adelante. También ha flaqueado, se ha sentido frágil, ha dudado, ha llorado. Paulina es una mujer de verdad, podría ser tu abuela, mi abuela, y de ahí una buena parte de la magia de esta novela, una protagonista absolutamente increíble a la que todos querríamos como abuela.

Carmen Romero Dorr. Foto: www.elmundo.es

"Paso a paso, página a página, la joven lectora pasará unos días sumergida, igual que su hermano antes que ella, en esta historia que tocará profundamente su corazón porque habla sobre algo que ella ya ha empezado a intuir: la fuerza de uno mismo para cambiar su destino, para no dejarse morir en una cárcel azotada por las olas.
Para no quedarse en su habitación llorando por los muertos". (pág. 124)
Tras un viaje temporal y espacial, a la Segunda Guerra Mundial, al tiempo presente, a Berlín, a Madrid, a Málaga, tras acompañar a Paulina, a Alicia, leer sus novelas, pasar las páginas de su álbum de fotografías, sumergirme en su historia, cierro la novela y siento que quiero paladearla un poco, que necesito unas horas antes de abrir otro libro, porque Paulina y Alicia se han quedado en mi mente, en mi alma, porque hay palabras, reflexiones, pensamientos, en los que quiero pararme, incluso releer, anotar. 
"El amor por los hijos puede convertir en héroes a las personas más corrientes, y basta por sí solo para dar sentido a muchas existencias. Es el motor para enfrentarnos a todo y la justificación para cualquier delito. No hay otra fuerza más poderosa entre todas las que hacen girar el mundo". (pág. 291)
"La tristeza finge que se disipa, permite que nos engañemos creyendo que se ha marchado, pero de pronto, ¡zas!, sale de su escondite para atraparnos de nuevo". (pág. 363)
He disfrutado enormemente del camino de las protagonistas y he viajado a mi propio pasado y a la relación con mi abuela. Ha sido una grata experiencia y he tomado muy buena nota del sabio consejo final de Paulina a Alicia, que con solamente dos palabras lanza un mensaje con mucho contenido.

miércoles, 7 de febrero de 2018

NUESTRA CASA EN EL ÁRBOL


Esta novela es mi estreno con Lea Vélez, aunque ya tiene otros dos libros publicados. Me llamó la atención porque Lea nos habla de Ana y sus tres hijos, una mujer que, como la escritora, se queda viuda con niños pequeños y, al igual que ella, tiene unos niños que son superdotados. Cualquier madre podrá entender lo que puede suponer esto en el sistema educativo actual, y si no se lo imagina, en el libro nos lo relatan a la perfección.

"Las madres no estamos acostumbradas a encaramarnos a las ramas, así que hay que tener muy en cuenta la fuerza de la gravedad y conseguir, si es posible, que las cosas que han de caer caigan a nuestro favor. A fin de cuentas, la gravedad es una fuerza y las fuerzas a favor de las madres viudas y con tres niños nunca sobran". (pág. 56)
"Tenemos superpoderes pero, no te preocupes, en el colegio nos quedamos muy calladitos para que todos se crean que somos como los demás ¿Y sabes qué, mami? Que les hemos engañado". (pág. 344)

Lea Vélez cuenta en una entrevista en Mujer Hoy que uno de sus hijos, apasionado por la astronomía y con una curiosidad y un vocabulario fuera de serie, se estrellaba continuamente en el colegio, donde sufría lo indecible: "Las madres de niños con altas capacidades lloramos muchísimo porque revivimos la infancia escolar, el dolor, el aburrimiento, la soledad. Aún no sabía qué eran las altas capacidades ni sus siglas". Y es que los colegios no están preparados para dar a cada niño lo que necesita, se les encasilla, se les sienta a una mesa a una edad muy temprana y venga a colorear y a escribir frases que la mayoría de las veces ni les interesan. 

"Mamá, es posible que los hombres antiguos vivieran menos años, pero creo que aprovechaban mejor el tiempo. Para empezar, no lo derrochaban tontamente mirando la tele. Hablaban, se contaban historias, caminaban a todas partes, pintaban bisones en las cuevas..." (pág. 114)

¿Dónde se quedan la creatividad, el ingenio? ¿En qué momento muere la curiosidad? Si con un niño de inteligencia media ya es complicado, la tarea de Ana, con tres superdotados en casa haciendo preguntas sobre física cuántica, matemáticas avanzadas, cine, literatura o anatomía, se me antoja una enorme montaña muy difícil de escalar. Y aquí el atractivo fundamental de este libro, la historia del día a día de esta peculiar familia, de una madre que entiende perfectamente que tiene que dejar España, dejar atrás su vida anterior y empezar de cero con sus tres hijos. Rompe con todo con gran valentía y comprende a sus hijos y los acompaña en su camino de una forma excepcional, admirable, envidiable.

"Los hijos no nos enseñan a ser padres, no enseñan a ser hombres. Hombres en el sentido humanístico de la palabra. Ellos no han dejado desde el primer día de darme ejemplos de grandeza de miras, de reflexión sin prejuicios, del concepto humano de libertad y dignidad que de forma innata persigue todo individuo". (pág. 270)
La casa que Lea construyó a sus hijos. Foto: http://navarra.elespanol.com
Ana sabe que la clave es el respeto al ritmo de cada niño, llegar a donde ellos quieran llegar motivados por su curiosidad, aunque tenga que bucear en la enciclopedia en busca de las respuestas a las preguntas de su hija de 4 años.
Pero Ana es de carne y hueso, también tiene sus momentos de flaqueza, no estamos ante una madre inverosímil, ella también se siente sola, se frustra, o pierde la paciencia. Y cuando eres madre entiendes perfectamente lo que ella está pasando, esa especie de montaña rusa que es criar a un hijo y esa lucha contra el sistema que tantas veces les daña. En ocasiones la soledad le pesa enormemente.

"La enfermedad es también una forma de descansar. Pero mamá no podía descansar. Estaba sola y las mujeres solas nunca enferman. No les está permitido deprimirse. Creo que por eso escribía en sus diarios. Sus pequeños melodramas duraban un día, una tarde, unas horas, y cursaban sin fiebre. Ella nos lo explicaba así:
- A veces echo tanto de menos un abrazo de papá que me siento como una niña perdida en un bosque.
- Tú nunca te perderías en un bosque porque conoces los puntos cardinales - le dijo mi hermano.
- ¿Pero y si los árboles me tapan las estrellas?
- No, mamá - le dije yo -, porque entonces te subirás al árbol más alto para ver el cielo desde allí". (págs. 164-165)

Los tres niños viven rodeados de adultos en el hostal inglés, herencia del marido de Ana, a orillas del río Hamble, donde podrán explorar el mundo y donde su madre construye para ellos una casa en un árbol, su refugio.

Lea Vélez con sus hijos. Foto: http://www.mujerhoy.com
A través de los recuerdos de los hijos, de sus cartas infantiles y del diario de la madre, iremos descubriendo el día a día de la familia y un poco, bastante poco, de la faceta de Ana como mujer con miedo a compartir su vida con un hombre.

"Los hijos son el motivador de la excelencia. Ellos nos empujan constantemente a ser mejores, a buscar soluciones, a hacer mil cosas más de las que haríamos en condiciones normales. Sí, es verdad que soy una gran madre, como tantas madres, pero, desgraciadamente, no soy una gran carpintera. El gran carpintero era mi marido". (pág. 134)

La lectura es muy agradable y fácil, llena de ocurrencias infantiles fruto del ingenio real de los niños, sus razonamientos llenos de toda lógica y su enorme sentido del humor. Una de las cosas que Ana descubre como madre es que el sentido del humor es fundamental en su relación con sus hijos, y que la risa es un excelente conductor que hace que lleguen más fácilmente ciertos mensajes y conecten mejor con los pequeños.

"Mamá, mi profesora dice que el hombre inventó el submarino y el sonar, pero no es verdad. No tiene razón. El hombre no inventó el sonar. El sonar lo inventaron los murciélagos. Y encima, las ballenas usan el sonar desde bebés porque sus madres no les dicen nada más nacer que son demasiado pequeñas para usar el sonar y que ya lo aprenderán a usar cuando sean mayores y vayan a la universidad". (pág 347)

He disfrutado mucho con esta novela, me he emocionado, he reído, he reflexionado, he visto en muchos momentos reflejado a mi propio hijo y sus razonamientos disparatados dentro de su lógica infantil. Una lectura muy recomendable.

lunes, 29 de enero de 2018

DEL COLOR DE LA LECHE

"en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años y estoy sentada al lado de mi ventana y veo muchas cosas. veo pájaros y los pájaros llenan el cielo con sus gritos. veo los árboles y veo las hojas".

Mary apenas sabe escribir, no ha aprendido las mayúsculas, no sabe que tras un punto tiene que ponerlas, pero Mary, a pesar de su ignorancia tras pasar toda su vida trabajando de sol a sol y no haber pisado la escuela ni un solo día, consigue contar su amarga historia.

"padre nos necesita aquí en la granja para hacer todo el trabajo y no puede permitirse que estemos en otro sitio, en un colegio aprendiendo cosas que no podríamos usar, porque quién necesita aprender a leer palabras y a escribirlas cuando tiene que estar recogiendo piedras del suelo y metiéndolas en cubos. y ordeñando a las vacas y metiendo la leche en cubos".

La vida rural en Inglaterra en 1830 sin duda era difícil, pero lo era todavía más en el caso de nuestra protagonista, que a la edad de quince años y con una gran inocencia, relata cómo transcurre su día a día en una granja cualquiera en cualquier punto del país, una casa en la que su madre sólo ha parido niñas, que de todos es sabido que rinden menos en el trabajo que los niños, y en la que conviven además con el abuelo, que por viejo e inútil vive casi olvidado en el cuarto de las manzanas.
Mary y su familia se rigen por la naturaleza, por la luz del sol, que marcará sus largas jornadas en el campo, ocupándose de las vacas y los cultivos, comiendo pan duro y algún trozo de queso.
Mary no ha sido afortunada y además de ser mujer, está coja. La vida duele.

"mi pierna es mi pierna y nunca he tenido otra pierna. así he sido siempre y así he caminado siempre. madre dice que ya era así cuando vine al mundo. era una especie de desperdicio con el pelo como la leche y nací después de lo que pensaban y por esa razón estaba cubierta de pelo como si fuera un animal y tenía las uñas largas".

"quiero no tener nunca hambre y no tener nunca sed y no estar nunca tan cansada que me quedo dormida mientras voy caminando. más te vale que busques un marido rico, dijo violet".

Aunque Mary se esfuerza, su cojera hace que vaya más lenta que los demás, así que su padre decide que entre al servicio del vicario para cuidar de su mujer enferma. 

Nell Leyshon. Foto: www.nellleyshon.com

Su vida en la granja no era fácil, pero al menos tenía a sus hermanas, charlaba con su abuelo... Se siente sola en casa ajena, y pronto empezará también a sufrir su condición de mujer, de pobre, de alguien que no cuenta, de quien se puede hacer el uso que se desee porque no cuenta para nada ni para nadie.


"a veces tener memoria es una buena cosa, porque ahí está la historia de tu vida y sin ella no habría nada, pero otras veces tu memoria guarda cosas que preferirías no volver a saber nunca y, por mucho que intentes quitártelas de la cabeza, siempre vuelven".


Desde la torpeza del lenguaje infantil, sin filtros, desde el corazón, con frases cortas, sin mayúsculas, Mary quiere que se conozca su historia, ahora que ha conseguido aprender a leer y a escribir en casa del vicario, desea que se conozca lo que ha vivido en sus quince años, quizá en algún momento a alguien le importe, podría ser que alguien quisiera saber por qué actuó como lo hizo, qué la llevo al lugar desde el cual escribe estas letras, apenas 200 páginas que llevan al lector a meterse de lleno en su vida, a desear tenderle la mano para rescatarla del sufrimiento continuo. Una lectura que se queda en el recuerdo, de las que dejan huella.

La pequeña editorial Sexto Piso ha tenido el acierto de publicar esta pequeña historia en nuestro país en 2013. Hasta ahora no conocía esta editorial, pero creo que la seguiré de cerca a partir de esta lectura tan intensa y emotiva.

martes, 9 de enero de 2018

No pasa nada. Y si pasa, se le saluda

Estos primeros días del año están siendo bastante agotadores, con el peque malito, yo con dolor de muelas... Y desde luego sin descansar es complicado concentrarse para leer. Tenía en mi mesilla de noche las próximas lecturas organizadas, pero me veía incapaz de abordar una novela histórica o una saga familiar.
Recordé entonces que Raquel Martos, con la que me lo paso fenomenal cuando interviene en el programa de Julia Otero (comparte la sección Las Personas Físicas con Juan Gómez-Jurado), había escrito alguna novela y la tenía en mi Kindle. 
En efecto, esta historia estaba en mi Kindle esperándome y le tocó el turno.
Raquel Martos desborda talento, tiene una vis cómica fabulosa y escribe unos guiones ágiles, mordaces, interesantes. Me gusta muchísimo, y ahora que he leído esta novela, me gusta todavía más, porque he visto plasmada en ella a la Raquel Martos que escucho por la radio y me ha encantado. 
Raquel nos cuenta al final de la novela que ella misma vivió un problema importante con sus cuerdas vocales, sufrió dos operaciones y creyó que ya nunca volvería a dedicarse a su profesión y pasión: la radio. Imagino que esta historia personal serviría de base e inspiración para contarnos cómo Carla, una locutora de radio, tiene que operarse y guardar silencio durante seis semanas para recuperarse.
Ella, que es una charlatana impenitente, de las que habla y luego piensa, de las que siempre tiene algo que decir, tiene que estar en silencio, pegada a una pizarra para poder comunicarse con los demás. Y este parón, este escuchar más que hablar, le vino muy bien a Carla.

"Conviene parar de vez en cuando, cruzar a la otra acera y ver nuestra vida, y a nosotros mismos, dese otro prisma, para fijarnos bien, para volver a sentir, para dejarnos seducir de nuevo como aquel primer día en el que abrimos lo que nos brindaba el destino como un regalo, desenvolviendo con cierto temblor de manos el papel brillante y sintiendo la emoción de que aquello que tanto deseábamos era nuestro por fin".

La operación de Carla coincide con un momento complicado a nivel personal y profesional. Acaba de dejar una relación muy tóxica con su ex y sospecha que en la radio habrá recortes que pueden afectarle muy directamente. 

"La vida es lo único que tenemos y el momento es el que nos toca. Te ha tocado este, se siente, te jodes, lo coges o lo dejas, vives la vida o te tiras por el balcón. Yo, desde luego, paso de balcones, tengo vértigo".

"Es difícil evolucionar sin moverse del sitio; para crecer hay que marcharse, sentir el vértigo que comporta cada reto, asumir el riesgo y superar el miedo a fracasar. Pero yo nunca aprendí esa lección, esperé y esperé hasta desesperar".

Y Carla durante estas semanas vive una montaña rusa de emociones, con su mejor amiga, Marián, con su mejor amigo, Juan, su confidente desde la Universidad, con su madre, a la que redescubre como mujer... 

"Es tan placentero cobijarse en el mundo madre, así tengas cincuenta años, que, a veces, se te olvida quién es ella, la que está detrás del título de "mamá". Y olvidas que tiene sus propios sueños y frustraciones, sus propios deseos y necesidades, que tiene su propia vida y que esta no gira únicamente en torno a ti".

Raquel Martos. Foto: www.ondacero.es

A ratos reflexiva, a ratos divertida, irónica, incluso faltona, según el personaje que tenga protagonismo en ese momento, la historia se lee entre la risa, la sonrisa, la nostalgia, la asertividad y la emoción.

"Es imprescindible detenerse a elaborar recuerdos, ser conscientes en tiempo real de lo que nos va sucediendo porque, cuando desaparece el instante, es lo único que nos queda, la memoria de lo que un día vivimos, cuando fuimos inmensamente felices, cuando sentíamos que no importaba nada más, como ahora".

"Follar es antioxidante, ni té blanco ni resveratrol, ni hostias, cada polvazo te rejuvenece un día y si te masturbas tú, a mano o a máquina, te quitas un cuarto de hora, ja, ja, ja". 

Estoy segura de que repetiré con Raquel Martos, ya me han recomendado otra de sus novelas: Los besos no se gastan. El título promete.

miércoles, 3 de enero de 2018

TARRO LIBRO 2018

Un año más, desde 2015, hemos juntado un euro por cada libro que hemos leído completo. 
La estupenda idea surgió de Carmen, del blog literario Carmen y Amigos, y desde entonces participamos desde Matibascorner. El primer año yo sola, pero ya desde el segundo me acompaña mi niño, con quien comparto afición lectora.
Participar es tan fácil como querer hacerlo, basta con decidir en qué recipiente vamos a introducir los euros durante el año, sacarle una foto y solicitar en la página de Facebook de la iniciativa formar parte de ella, adjuntando la foto de nuestro tarro.
Da igual los libros que se lean, tanto el número como el género literario o las páginas, lo importante es encontrar a otras personas con la misma afición, recomendarnos lecturas (la lista es interminable, pero nos encanta) y tener la ilusión de ver crecer y crecer nuestro botín que tras doce meses se convertirá en nuevos libros para nuestras estanterías.
En el reto Tarro-libros 2018 contamos con una novedad, que es la cuenta en IG y un hashtag para seguir las publicaciones de los miembros : #tarrolibros2018.
Nuestro balance en el reto no podría ser mejor. El primer año reuní 40 euros, el segundo 50 y este año 56. En 2018 mi objetivo será llegar a los 60 libros. Mi niño participó dos veces, el año pasado leyó 30 libros y este año 24, que tampoco está nada mal.

Mis lecturas del año, tras abrir el tarro-libro

Participar en el reto hace que entre nosotros en casa nos "piquemos" a ver quién lee más, y a la vista está, que leemos bastante más que la media. Que la media de las encuestas, porque hay participantes del reto que superan con creces los 100 libros al año... ¡A nosotros no nos da la vida para tanto!
Este año repito tarro-libro. Seguiremos metiendo los euros y los títulos de los libros que hemos leído en nuestro pequeño cofre del tesoro.
Si os animáis, sólo pinchad AQUÍ y mirad lo sencillo que es unirse al reto.

Nuestro tarro-libro para 2018 ya preparado