lunes, 23 de enero de 2017

EDUCAR EN EL ASOMBRO

Educar en el asombro. El título del libro resulta bastante revelador sobre el contenido y el mensaje de la autora del texto se resume muy bien en él.

"El ruido que hace el papel de embalaje de un regalo, la espuma del baño que se les queda pegada a los deditos, las cosquillas que hacen las patitas de una hormiga en la palma de la mano, lo brillante de un objeto encontrado en la calle. Este sentido del asombro del niño es lo que le lleva  a descubrir el mundo. Es la motivación interna del niño, su estimulación temprana natural." (pág. 21)

Se invita a los padres a respetar el ritmo del niño, que por naturaleza querrá descubrir siempre algo nuevo y observará con atención cuanto pasa a su alrededor, sin necesidad de una intervención "desde fuera", olvidándose de que vea este o aquel dibujo animado educativo, que escuche tal o cual música clásica porque será más inteligente... Un niño pequeño no necesita ese sobreestímulo, ese bombardeo exterior. Su avance natural siempre es desde dentro hacia fuera, desde su curiosidad innata dirigida al adulto con el que tiene un vínculo seguro, porque desde ahí él se sentirá confiado y libre de expresarse.
El capítulo 3, titulado Las consecuencias de la sobreestimulación, me llamó mucho la atención, ya que pone el acento en algo en lo que no me había parado a pensar: el ritmo de los dibujos animados o películas que ven los niños. Es cierto que nos fijamos en el contenido, el mensaje, los personajes, pero personalmente no había pensado en el ritmo y en que éste puede afectar enormemente al niño. Se explica el caso concreto de niños de 4 años ante el archiconocido Bob Esponja, un personaje cuya serie tiene un ritmo frenético que sólo provoca excitación e impaciencia cuando se ve "antes de tiempo". Otros estudios apuntan que la exposición a series violentas antes de los 3 años están relacionadas con los problemas de atención e impulsividad que aparecen hacia los 7 años. Y nos explica Catherine L'Ecuyer que este ritmo hace que muchos niños en torno a los 12 años no sean capaces de ver películas infantiles de los años noventa. Para ellos el ritmo es soporífero. Para pensárselo.
El modelo educativo mecanicista también tiene su lugar en este libro, en el que, como era de esperar, no sale bien parado. ¿Por qué? Tal y como nos dice la autora, con la que coincido: "Se trata de un modelo que considera al niño como un ente programable, un producto estandarizado, en definitiva, como un medio hacia un fin que se encuentra fuera de él". (pág. 59)
El juego libre como herramienta educativa, el educar como contraposición al inculcar. Muy complicado en el sistema actual, incluso yo diría en la sociedad actual. 

"¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación.

La educación es el sistema que debería desarrollar nuestras habilidades naturales y permitirnos salir adelante en el mundo." Cita de Sir Ken Robinson (pág. 62)

Catherine L'Ecuyer


En el capítulo de los límites no coincido con la autora, aunque sí en esta reflexión que hace:

"Todos habremos sido testigos de un cumpleaños en que el anfitrión, sea nuestro hijo u otro, abre los regalos de forma mecánica, casi con indiferencia. Es que, ante tanto regalo, el niño se embota (...). Hemos visto que el exceso de cosas satura los sentidos y bloquea el deseo. Cuando un niño tiene bloqueado el deseo, necesita entretenimiento desde fuera. Películas rápidas, diversión, juegos de consolas, lo que sea. Les cuesta más tener interioridad e inventarse juegos a base de imaginar." (pág. 81)

El exceso, la sobreexcitación, el ritmo frenético de nuestra vida cotidiana, terminan por hacer mella en el ritmo natural del niño, que siempre pedirá más y más estímulos. Paremos un poco, disfrutemos de lo pequeño, de la naturaleza, fuente inagotable de preguntas, de curiosidad y misterio. Disfrutemos también del silencio, a veces no somos capaces de estar más de diez minutos sin ningún sonido a nuestro alrededor ¿os habéis fijado en que esto muchas veces nos pone nerviosos? 
Cada niño evoluciona de una manera distinta, acompañemos al nuestro y no tengamos prisa, todo llega.

"La infancia debe vivirse cuando toca, con todo lo maravilloso que conlleva esta etapa: la imaginación, el juego, el sentido del misterio, la inocencia, etc. Saltarse las etapas de la infancia es despreciar el mecanismo con el que cuenta la naturaleza para asegurar un buen desarrollo de la personalidad". (pág. 109)

Una lectura muy recomendable con la que en algunas cosas no estoy de acuerdo, pero de la que se pueden extraer muchas reflexiones sobre el día a día de nuestros hijos y que nos ayuda a fijarnos en detalles que quizá habíamos pasado por alto. Es una invitación a pararnos y observar con nuestros hijos, dejar espacio a su curiosidad innata y no quemar etapas antes de tiempo, recomendaciones que seguro que nos ayudarán a acompañarles mejor en su crecimiento personal.

2 comentarios:

  1. Interesante este libro. Y sí, hay que dejarlos disfrutar de la infancia y no querer que la abandonen antes de tiempo. Que parece cada vez la infancia más corta, con lo bonita que es.
    Besotes!!!

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  2. Qué interesante, y sobre todo qué buena idea eso de que aprendan a disfrutar de sus primeros años; que a veces quieren correr demasiado y esos momentos ya no vuelven...

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